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Etiqueta: Objeto voz

Dos fragmentos sobre Jacques Lacan y la voz. Por Jacques-Alain Miller

Dos fragmentos sobre Jacques Lacan y la voz. Por Jacques-Alain Miller

“La instancia de la voz está siempre presente en la medida en que debo localizar mi posición con respecto a una cadena significante, y en la medida en que se considera esta cadena significante siempre en relación con el objeto indecible. En ese sentido, la voz es exactamente lo que no se puede decir.” pág. 16

“De la voz uno no se sirve sino que ella habita el lenguaje. Ella asedia y basta decir para que emerja, para que surja la amenaza en lo que se puede decir. Si hablamos tanto, si hacemos nuestros coloquios, nuestras charlatanerías, si cantamos y si escuchamos a los cantantes, si hacemos música y si la escuchamos, la tesis de Lacan, según mi punto de vista, comporta que todo eso se hace para hacer callar a aquello que merece llamarse la voz como objeto a”. Pág  17

Miller, J. A.: Jacques Lacan y la voz, en Rev. Freudiana núm. 21

¿Así es cómo viven los hombres? Por Juliette Parchliniak, de Le Courtil.

¿Así es cómo viven los hombres? Por Juliette Parchliniak, de Le Courtil.

 

Este texto se puede encontrar en original en el siguiente LINK y ha sido traducido por Eduard Fernández para el Blog del Foro. 

La música y la voz

Maxime es un amante de la música, de la música clásica, de  la religiosa y de la música popular francesa. Este interés proviene de su padre, profesor de piano. A veces lo escuchamos cantar en su habitación donde pasa mucho tiempo acompañado de su radio, sus pósters, sus discos y también de su voz que le acompaña permanentemente. Una voz que le injuria y con la cual él se pelea y le grita. Sin ninguna duda la música está para él directamente relacionada con la voz, en tanto que ella le permite dar un marco a  la voz, le da un soporte y también la recubre. Conoce muchas obras de compositores las cuales tararea y nos pide nuestra opinión. Sin embargo, su comentario es siempre el mismo: “Es bueno, ¿eh?” También conoce las letras de canciones de la época de sus padres como Gainsbourg, Polnareff, Claude François, Jacques Brel… Algunas de estas  canciones le hacen reír pero otras “están inspiradas por el diablo”. Éstas son las que hablan de mujeres y de alcohol. Y,  después, también está la música de la Iglesia donde las canciones de Jean-Claude Giannada, que acompañan sus plegarias, exaltan su sentimiento religioso.

Los grandes Hombres no han tenido la vida fácil

Así pues, hay la música que él encuentra incansablemente “bella” y las palabras que a veces vienen a confrontarse con esta belleza. Se divierte entonces deformándolas en juegos de palabras y en imágenes donde el sentido, que cada vez es más ridículo, acaba por diluirse. Sin embargo, aquello que interesa a Maxime concierne también a los hombres en cuanto autores: ¿cómo vivieron y, sobretodo, a qué edad y de qué manera murieron? Para él, que le encantaría componer y para quien después de años de solfeo y de piano puede tocar de memoria La carta a Elisa, esos hombres son también figuras de identificación. Quedan, a pesar de su recorrido, las costumbres a veces dudosas de “grandes hombres”. Gainsbourg era alcohólico y se drogaba. Mozart era franco-masón. A Claude François, el dinero se le subió a la cabeza y era un depresivo. Mike Brant era infeliz y bebía también… Y sin embargo él dice al respecto: “En todo caso, era alguien eh?“ Puesto que él se considera alguien gravemente enfermo, hay un cierto alivio al evocar las agonías hechas públicas de estos hombres: “Para ellos la vida tampoco fue fácil”. En efecto, Maxime habla muchas veces de suicidarse, de acabar con los males del cuerpo, los vértigos, la tentación de las mujeres en las revistas, el tiempo que pasa demasiado deprisa, cada vez más deprisa y también los otros que no entienden nada, el sentimiento de abandono.

Hablemos un poco

Cada lunes al mediodía, desde hace algunos meses, entre las dos y las cuatro, paso un momento con Maxime. De manera casi invariable, él viene a saludarme a mi llegada, declara que hoy no quiere hacer nada, “ninguna actividad”, que no se encuentra bien, y después sube de nuevo a su habitación. Yo no insisto de inmediato pero un poco más tarde golpeo a su puerta para indicarle que estoy en el despacho, dispuesta “a hablar si él lo desea”. Desciende entonces para hablar un poco de aquello que no marcha bien desde la mañana, todavía los “jodidos mareos”, los malditos vértigos, o bien me habla de su fin de semana, por ejemplo de su padre que ha rechazado verlo una vez más, o es el tiempo que pasa y la evocación de varios recuerdos, siempre con esa terrible precisión de las fechas. Y cada vez, para acabar, me pregunta: “¿Hacemos una búsqueda?” Vamos entonces al ordenador para leer la biografía de Haydn, de Beethoven o de Michel Fugain…  Y si bien Maxime tiene la tendencia a pasar directamente de la fecha y el lugar de nacimiento a la edad y la causa de la muerte, todo mi esfuerzo reside en interesarme contrariamente en aquello que pasa entre estos dos momentos para introducir un poco de distancia y ciertos anudamientos ahí donde sus opiniones son categóricas. Introducir, en este sentido, un poco de relieve y de líneas torcidas ahí donde la línea es para él funestamente recta.

Fragmentos sobre La voz en “La lluvia de verano” de Marguerite Duras. Por Erick González.

Fragmentos sobre La voz en “La lluvia de verano” de Marguerite Duras. Por Erick González.

Esta novela[i] y guión cinematográfico, de la autoría de Marguerite Duràs, toca directamente el tema del Foro. Su personaje principal, Ernesto, con su manera singular de aprender y vivir la escuela le permiten a la escritora hacernos reflexionar sobre algo que a veces parece evidente, que damos por sentado cuando las cosas van más o menos bien, pero que hoy ponemos en el centro del debate con la pregunta ¿insumisos de la educación? y es el hecho de que las condiciones para el acto educativo no vienen dadas de entrada, de igual manera para todos los sujetos. De todas maneras esta referencia, y desde la vertiente que toca directamente el tema del Foro, podrán leerla de manera más clara, en el artículo que ha escrito Miquel Bassols para el Dossier del Foro titulado “Lacan en la escuela”. En esta ocasión tomo un sesgo, tres fragmentos del libro que tocan la cuestión de la música y del objeto voz, el sonido de las palabras, su materialidad. Me pareció interesante extraerlas, ya que es una línea que atraviesa todo el libro, casi al modo de banda sonora.

 

*

“A la madre se le había olvidado la lengua de su juventud. Habla sin acento, como la gente de Vitry. Sólo se confunde en los tiempos de los verbos. De su pasado le quedan algunas consonancias irremediables, palabras que parece como si las desenroscara, muy dulces, algo así como unos cánticos que le humedecen el interior de la voz y que hacen que las palabras le salgan del cuerpo sin que se dé cuenta a veces, como si la visitara el recuerdo de una lengua abandonada”. Pág 24.

 

**

“La madre cantaba El Neva. Era un gran canto El Neva, hermosísimo, sin letra. Jeanne se había despertado al son de El Neva, que conocía desde que había nacido, cuando sus padres volvían del centro de Vitry.

Mucha gente que vivía en los hotelitos que había a lo largo de ese recorrido hacia el centro de Vitry conocía El Neva sin letra, sin saber dónde lo había oído, si en la televisión o en las calles de Vitry cantado por hijos de inmigrados. Pero muchos niños que no eran inmigrados cantaban también El Neva. Así que era imposible saber de dónde procedía.

Ernesto también había oído la magnífica voz de la madre emerger de la oscuridad. Sin letra alguna, esa voz contaba el largo y lento cuento de un amor, del amor de los amantes, y también del esplendor del cuerpo de su hija, esa Jeanne silenciosa que también escuchaba El Neva en el oscuro dormitorio. Y también El Neva de la madre contaba cuán difícil y terrible era la vida, cuán adorables y puras eran esas personas, los padres, y también contaba hasta qué punto lo ignoraban. Y también que los niños sí lo sabían.

Con la voz de la madre, la noche se había cargado de una felicidad salvaje, violentísima, y Ernesto había sabido de pronto que nunca más volvería a sentirla.” Págs.94-95.

 

 

***

Ernesto: Precisamente, quería decirle algo: he llegado a los últimos días del conocimiento, señor maestro.

El maestro: ¿Qué dice usted, don Ernesto?… ¿A qué ha llegado usted?

Ernesto: A la filosofía alemana. Estaba deseando decírselo…

El maestro repite para sí, bajito, las palabras de Ernesto.

El maestro: A la filosofía alemana.

Ernesto: Sí. Dentro de nada, me pararé.

El maestro se tapa la cara con las manos y grita.

El maestro: Soy un criminal, don Ernesto… Se ha vuelto usted loco…

Pausa. Ernesto sonríe al maestro.

El maestro: ¿Así que, después, ya no hay nada, según usted…?

Ernesto: Eso creo… Para mí… Me refiero a mí… Para mí, después, ya no hay nada… nada… a no ser la deducción matemática… maquinal…

El maestro, grita bajito: Nada… Eso cierra el ciclo… de esa parte del mundo…

Ernesto sonríe.

Ernesto: O lo abre… Eso depende de uno, ya lo sabe usted, señor maestro.

El maestro: No, no lo sé, no sé nada… ¿Qué queda en su opinión, don Ernesto…?

Ernesto: De pronto, lo inexplicable… la música… por ejemplo…

Ernesto mira al maestro con una gran dulzura y sonríe.

El maestro sonríe a su vez.” Págs. 99-100.

 

 

[i] Duras, M. La lluvia de verano. Alianza Editorial. Madrid, 1990.

Liliya Chernoknizhnaya intervendrá en el “Postludio musical: Escoger el objeto voz”

Liliya Chernoknizhnaya intervendrá en el “Postludio musical: Escoger el objeto voz”

Foto _Foro

Liliya Chernoknizhnaya Klimova es Profesora de música por la Escuela Superior de Pedagogía de URSS, Profesora de piano, Musicoterapeuta del Instituto Catalán de Musicoterapia, graduada en el Master de Musicoterapia por la Universitat de Barcelona.

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