La educación en la era digital. Por Marta Berenguer

La educación en la era digital. Por Marta Berenguer

 

educacionperichEn 1988, algunos años antes de la aparición de Internet, el escritor Isaac Asimov vaticinó de qué manera la red de redes impactaría en el mundo de la educación. El autor de ciencia ficción aseguraba en una entrevista que una vez tuviéramos computadoras en cada casa estaríamos conectados a bibliotecas enormes, podríamos preguntar y descubrir, saber más cosas y hacerlo desde nuestro propio hogar, a nuestro ritmo y en nuestra propia dirección. Según Asimov, llegado ese momento, todo el mundo disfrutaría del hecho de aprender. Entendía que en su época lo que la gente llamaba aprendizaje era algo impuesto. Todo el mundo estaba obligado a aprender lo mismo, el mismo día y a la misma velocidad en una clase. Pero cada persona es diferente, afirmaba.

Parece como si alguien desde el futuro le estuviera susurrando al oído lo que años más tarde llegaría a ser Internet. Probablemente el aula de nuestros días no difiera demasiado de la que describía Asimov. Hoy más que nunca la educación se enfrenta a retos de enorme envergadura. La brecha que se abre entre cómo se produce el aprendizaje en la red y cómo lo hace en la escuela es cada vez mayor. En comparación, el enjambre de la red parece estar a años luz de la estructura demasiado jerárquica de un aula. Además de la imposibilidad de educar -como ya nos advirtió Freud- a la escuela de nuestro tiempo se le plantean también otros retos. El principal: empezar a aceptar que más que a una época de cambios, estamos asistiendo a un cambio de época. No se trata de tecnificar las aulas, como se ha manifestado en alguna ocasión, tampoco de poner a los centros educativos un apéndice TIC, o de hacer llegar los ordenadores a la escuela, sino de un cambio mucho más profundo.

El escritor Umberto Eco cuenta en uno de sus artículos una anécdota significativa. (1) Relataba que un adolescente, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”. Esta intervención del estudiante puede, de entrada, parecer una impertinencia. Pero también nos describe, aunque sea a medias, una realidad de nuestros días.

A partir del año 2000 con la expansión de Internet y la cultura digital nacieron diversos movimientos educativos de investigación como el llamado Edupunk o la Educación Expandida. (2) Espacios que defienden que en nuestra época la educación no es, sino que está siendo. La educación puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar. En la actualidad la escuela vive una profunda crisis como espacio de aprendizaje. Las fronteras entre la casa, la escuela y otros espacios, se van diluyendo cada vez más. En materia educativa diversas experiencias nos demuestran que no únicamente se puede pensar la red como un espacio de alienación que aísla al sujeto, sino que en muchas ocasiones se convierte también en un espacio de creación de comunidades de aprendizaje, donde quien quiera puede intercambiar conocimientos colectivamente. Encontraríamos múltiples ejemplos de aprendizaje cooperativo: desde Wikipedia, hasta las comunidades de software libre, pasando por el mundo del activismo en la red. Sin ellos no sabemos si fenómenos sociopolíticos como el 15M hubieran ocurrido. Lo que sí podríamos decir es que sin Internet y las redes sociales no se hubieran sucedido a la velocidad y con el impacto que lo hicieron. En un mundo interconectado y global las aulas quizás hayan dejado de tener el monopolio educativo y cada vez son más los niños y adolescentes que aprenden más allá del pupitre. Dado ese paso, puede que para algunos ir a la escuela se haya convertido incluso en un lugar de lo más tedioso, aburrido y del cual declararse insumiso.

Pero como sabemos, Internet tiene también sus sombras. Si observamos la incidencia del mundo virtual -en la que muchos adolescentes viven- podemos darnos cuenta del cambio que Internet introduce en el campo del saber. Si bien hace unas generaciones para acceder al saber se hacía necesaria una mediación con los otros: los adultos, los educadores, los profesores, los padres, en la actualidad como ya atisbaba Asimov el saber parece disponible automáticamente a simple demanda formulada a un ordenador. El psicoanalista Jacques-Alain Miller nos recuerda a este respecto que en nuestros días el saber está en el bolsillo, no es más el objeto del Otro. Ello implica una autoerótica del saber que cuestiona el pasar por una estrategia con el deseo del Otro. (3) ¿Qué cambios supone para la educación esta nueva vía de entrada al saber?

A menudo, se comenta que la tecnología e Internet son algo neutro, se compara a veces con una herramienta, como un martillo. Al martillo no le importa ser usado para construir una casa o para dañar a alguien, puede hacer ambas cosas. Se dice que algo parecido sucedería con la red, pero quienes defienden esta idea se olvidan de que hay una diferencia importante y es que la red también puede estar enormemente teñida de ideología. Sólo hay que pensar en los algoritmos que dirigen nuestras búsquedas en algo que usamos a diario como Google, por ejemplo.

Así, volviendo al artículo de Umberto Eco y al adolescente que increpaba al profesor: ¿qué le estaba diciendo realmente? ¿Le estaba diciendo que ya no lo necesitaba porque ahora existe Internet o le estaba demandando otra cosa? Quizás le estaba diciendo que Internet puede ser extremadamente valioso, pero únicamente si se sabe lo que se está buscando. Y es ahí donde la escuela y el profesor siguen todavía manteniendo su verdadera importancia. Da igual que se pueda tener acceso a toda una enciclopedia como la Británica, como visionaba de manera un tanto idealizada Asimov. Un niño no se convertirá en director de orquestra únicamente ofreciéndole la llave de la biblioteca musical más grande del mundo. Si no se tiene un marco de referencia claro que nos oriente y permita hacernos preguntas para elegir qué buscar, qué información seleccionar, cuál rechazar, cómo contrastarla o relacionarla, la red se puede convertir en una herramienta de lo más dañina que nos adentre en una metonimia infinita y en un laberinto sin salida.

Además de los cambios en las tecnologías de la comunicación, la educación está sufriendo la presión del capitalismo más voraz. Así se deduce de algunos cambios que se atisban ya en algunos centros de educación secundaria con la implantación de asignaturas como Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial que prevé enseñar a crear un proyecto de empresa en el aula, o identificar las fuentes de financiación más adecuadas por tipo de empresa. La obsesión cada vez mayor por los informes de rendimiento y rankings nos indican el empuje a la competencia que sufre la educación. Estas experiencias se orientan más en una lógica empresarial y de emprendimiento que en propuestas educativas de carácter crítico.

Pero a esta situación no se ha llegado de un día para otro. En el estado español, seguramente la educación sea uno de los ámbitos más castigados por los vaivenes políticos. La propia comunidad educativa sobrevive como puede al maltrato institucional, múltiples recortes y reformas educativas -siete leyes ya desde 1970- que se han venido estableciendo desde el nacimiento de la democracia, además del giro hacia un modelo que tiende a la privatización (4). El arrinconamiento de materias como la filosofía en beneficio de otras de carácter más técnico o económico, como hemos visto, podrían ser otro ejemplo. Hoy en día al discurso capitalista le interesa más que los niños aprendan a gestionar una empresa que a hacerse preguntas. Sea como sea, ¿le queda a la educación alguna brecha para poder respirar? Si a la escuela y a la imposible tarea de educar le queda todavía algún espacio de oxígeno es el de mostrar a los niños y adolescentes un posible camino para crear sus propios marcos de referencia, a cada cual el suyo. No sin antes entender que debería tener la flexibilidad suficiente para cuestionar primero su propio paradigma. ¡Carguémonos de paciencia! Como decía el gran humorista catalán Jaume Perich: “educar a un niño requiere de mucha paciencia. En especial por parte del niño”.

 

  1. Eco, Umberto. ‘¿De qué sirve el profesor?’ Periódico La Nación. Mayo de 2007. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/910427-de-que-sirve-el-profesor
  2. ‘Educación Expandida. El libro’. Editado por el colectivo Zemos98. http://publicaciones.zemos98.org/educacion-expandida-el-libro
  3. Miller, Jacques-Alain. ‘En dirección a la adolescencia’. Intervención de clausura de la 3° Jornada del Institut de l’Enfant: ‘Interpretar al niño’, que tuvo lugar en el Palais de Congrès de Issy-Les-Moulineaux en marzo de 2015. Disponible en: http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/04/jacques-alain-miller-en-direccion-la.html
  4. En el curso 2013-2014 la enseñanza pública supone el 68% de la oferta no universitaria. La concertada ronda el 29% (con un 72% de centros católicos) lo que sitúa España como el tercer país europeo con más presencia privada. Fuente: Estadística de las Enseñanzas no universitarias del Ministerio de Educación.
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