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¿Insumisos de la educación? en Ràdio 4. Entrevista a Iván Ruiz, co-director del Foro.

¿Insumisos de la educación? en Ràdio 4. Entrevista a Iván Ruiz, co-director del Foro.

Quedan menos de dos semanas para el foro!

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Sobre el film Bienvenido Mr. Chance (Being there). Por José Carlos Palma.

Sobre el film Bienvenido Mr. Chance (Being there). Por José Carlos Palma.

Esta película narra la historia de un hombre identificado como Chance (que puede traducirse como “casualidad” o bien “oportunidad”), que ha vivido toda su vida sin salir de la mansión de un hombre rico, al que se refiere como “El viejo” sin que sepamos si les une algún parentesco. La mañana en que “El viejo” fallece en su lecho, una pareja de abogados llega a la mansión para tasar su valor como vivienda. Chance se presenta como el jardinero de la casa. Los abogados le comunican que la mansión está en venta y que ya no podrá seguir ejerciendo su labor allí. De modo que Chance hace las maletas y sale a la calle por primera vez en su vida.

Tras pasarse todo el día deambulando por la ciudad, Chance conocerá a Eve a raíz de un pequeño accidente. Eve resulta ser la esposa de un moribundo senador que acogerá a Chance en su lujosa mansión. Podemos decir aquí que Chance vuelve a su situación original: amparado por un viejo bajo el techo de su opulento hogar.

El lenguaje de Chance -literal y sin ninguna clase de metáfora- seduce al senador, quién, a dos pasos de morir, toma a Chance por alguien capaz de hablar con honestidad y entereza de la muerte.

El momento clave se producirá cuando el senador se entreviste en su mansión con el presidente de los Estados Unidos. Chance no decide entonces retirarse ni tampoco espera a ser autorizado por el senador para asistir a la reunión, simplemente asiste. Estrecha la mano al presidente como ha visto hacer en televisión a los grandes mandatarios y al despedirse de él, le llamará por un diminutivo como ha oído decir al senador justo antes.

En la reunión, el senador preguntó a Chance su opinión sobre el crecimiento económico y él respondió hablando del florecimiento de un jardín según las estaciones del año. Lo que para el senador y el presidente resulta una metáfora genial que abre nuevas vías de desarrollo económico no es más que una respuesta literal de Chance, sin ningún doble sentido. Sin embargo, el presidente citará sus palabras en un discurso pocas horas después.

La mención a Chance en el discurso presidencial disparará la curiosidad de la prensa hacia el jardinero. De modo que Chance será invitado a un talk show para que hable sobre economía. Allí responderá de idéntico modo a como hizo en la reunión con el senador y el presidente. Veremos la reacción de Louise, la criada negra de “El viejo” que cada día cocinaba para Chance, al ver el programa y nos revelará un detalle crucial con sus palabras: “No aprendió a leer ni a escribir. No tenía sesos”. Louise afirma que Chance ha llegado tan lejos por ser blanco, puesto que realmente es analfabeto.

En nuevos eventos oficiales, a Chance le ofrecen escribir libros. Responderá que no puede escribir, lo cual será interpretado por su interlocutor como una cómica respuesta de desagrado frente al panorama literario. En la misma línea, cuando la prensa le pregunta qué periódicos lee, él contesta que no lee periódicos sino que ve la televisión.

Chance no ha cedido a ser educado por la letra. Su imitación de los comportamientos que ha visto en la pequeña pantalla y su dedicación a la jardinería –se presenta como un buen jardinero– crean frente a los demás un semblante de hombre sabio. Lo cual, sumado a los equívocos que produce con sus frases literales, desencadena la ascensión de Chance hacia un reconocimiento no buscado pero frente al que tampoco se siente incómodo.

La última imagen del filme –Chance examina las plantas alrededor de un lago y camina sobre la superficie del agua- nos sugiere al jardinero como una suerte de nuevo Jesucristo encarnado bajo la figura de un hombre discreto que, sin embargo, asciende al poder a base de malentendidos. Así, Bienvenido Mr. Chance presenta definitivamente al autista como un sabio que con su humildad y sencillez –valores cristianos- logra colocarse bajo el amparo de los poderosos. No hay lugar para la angustia o la soledad en su historia, pues, en efecto, nuestro protagonista parece protegido por una fuerza divina que le permite llegar a buen puerto a cada avance de la trama.

Teaser de “Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo”.

Teaser de “Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo”.

¡Ya salió el vídeo del Foro!

¡Ya salió el vídeo del Foro!

Inauguraremos el Foro del 11 de diciembre con la versión íntegra del vídeo.

Sobre el film “Miel” (Bal) de Semih Kaplanoğlu. Por Soledad Székely.

Sobre el film “Miel” (Bal) de Semih Kaplanoğlu. Por Soledad Székely.

MielSemih Kaplanoğlu dirige Bal (Miel), la última película de una trilogía que habla sobre Yusuf, un niño con una relación singular con el silencio y las palabras, que después será poeta. En su conjunto, Bal, Süt y Yumurta narran la relación entre Yusuf y su madre, pero Bal evoca la pérdida de su padre. El padre es apicultor y cosecha miel salvaje de las colmenas que cuelga en las ramas más altas de los árboles. Su casa linda con el bosque, que acompaña la historia con sus ritmos, sus ruidos y su luz. La historia puede reducirse a un relato muy breve: el padre nombra las cosas del mundo para su hijo, se deja guiar por su manera de tratar con el lenguaje, le cuenta cosas fascinantes y baja la voz para hablar con él. También lo previene contra compartir sus sueños en voz alta. El niño dice poco, es curioso, se maravilla con el trabajo y las creaciones del padre. Ante su madre calla, y se impacienta sobre su regazo. Ella le habla, lo reprende, lo mima, pero no sabe bien qué hacer o cómo hacer con él.

 

También está la escuela a la que Yusuf asiste por primera vez. Recita o quizás lee un texto para el padre pero no logra leer otro texto en el salón de clases, invadido por un tartamudeo agónico que le impide ganarse el premio y el aplauso añorados. Durante el recreo, mira a los demás niños jugar por la ventana. Un día, el padre se lleva las colmenas a otra parte del bosque para salvar a las abejas que inexplicablemente han comenzado a morir. La rama que lo sostiene se rompe y no vuelve más a casa. Yusuf y su madre salen en su búsqueda y al cabo de los días, ambos se enfrentan con la certeza de su muerte.

Miel poster

La película es luminosa, pausada; ralentiza nuestro paso para acomodarlo al de Yusuf. No tiene banda sonora, por lo que escuchamos o dejamos de escuchar con él las voces, los ululares, los crujidos, los balidos, las melodías, los rezos, las recitaciones, los silencios y el estruendo del mundo. El bosque, la casa y la escuela son los escenarios cotidianos de su educación. Yusuf aprende del padre, como éste aprende de él sus condiciones para dialogar y qué objetos son de su interés. Se muestra bastante menos dócil a la enseñanza de su madre, quien intenta instaurar las regularidades de la vida doméstica y establecer un intercambio de gestos o palabras compartidos. Sin embargo, tienen acuerdos tácitos según los cuales él le concede momentos de cercanía y un semblante de obediencia, mientras que ella le permite sus ires y venires y se resigna a que el padre medie entre ellos.

 

El maestro preserva para Yusuf el lugar de estudiante, la posibilidad misma del aprendizaje, pero también le ofrece el tiempo necesario para que las palabras que se agolpan en su boca puedan salir algún día. Hay en los diferentes adultos que tratan con Yusuf, incluida la abuela que lo recibe y acoge las preocupaciones de la madre, una cierta parquedad de palabras, una no insistencia y una aceptación de sus particularidades que le permiten incluirse dentro de los márgenes permeables de la vida diaria. Hay distancia, silencio o suavidad que reducen el potencial devastador de las palabras para Yusuf, que será después poeta.

Sobre el documental “Camino a la Escuela” de Pascal Plisson. Por Irene Domínguez

Sobre el documental “Camino a la Escuela” de Pascal Plisson. Por Irene Domínguez

Uno de los efectos desastrosos del auge del capitalismo lo constatamos en la educación. Desastre que no solo se refleja en el aumento del analfabetismo y la creciente inaccesibilidad a la educación en muchas partes del mundo, sino también en su degradación como resultado de la disolución de sus principios más elementales. Convertir bienes sociales básicos -como la educación o la sanidad- en asunto de mercado, sucumbir a las exigencias del neoliberalismo, hacer de absolutamente todo un producto en busca de su mayor rentabilidad, es atentar mortalmente contra la subjetividad, la cultura, el saber y la transmisión. Es pretender abolir el deseo, la vida.

Por eso, cuando periódicamente nos muestran el ejemplo de Finlandia como el paraíso del modelo educacional, pienso en lo fácil que es no entrar en detalles y asociar la idea de que para tener acceso a una buena educación, para poder conservar sus principios elementales, hay que ser rico, es cuestión de inversión. Hay allí una trampa.

De ahí el enorme placer de encontrarme con el documental Camino a la escuela que nos muestra el periplo que hacen para ir a la escuela unos cuantos niños en cuatro lugares distintos del planeta. Sus protagonistas, Jackson en África, Carlitos en Argentina, Zahira en Marruecos y Samuel en India, nos invitan a recorrer con la cámara su entusiasta trayecto cotidiano a la escuela. Los majestuosos paisajes que incluyen la Sabana africana, la Patagonia argentina, las montañas del Atlas marroquí y los paisajes indios, son el imponente telón de fondo donde se dibujan los pasos decididos de estos niños que imprimen, en lo real de la naturaleza, la marca singular de un deseo alegre lleno de vida. Hermosa representación de esa confluencia heterogénea e imposible que es para el humano la vida tomada por el lenguaje.

Este documental nos habla del deseo y de su ineludible relación al saber. La falta constitutiva del sujeto es el motor fundamental para moverse, perseguir sueños, sortear obstáculos… Cuando somos tocados por la transmisión de un deseo, el ansia de saber creará un lugar al que dirigirnos que determinará para siempre nuestros pasos.

Esos niños cuentan eso: la realización de sus más ambiciosos sueños pasan por la escuela. Ese motor incombustible convierte un trayecto de horas, bajo el sol o la lluvia, atravesando el desierto o enfrentando el peligro de bestias salvajes, en una preciosa metáfora del deseo: en el bordeamiento de lo que pretendemos conseguir, en esas miles de vueltas necesarias para alcanzarlo, está la riqueza de su logro. La meta incluye el camino, como muestra la Itaca de Kaváfis.

Este hermoso documental no exento de poesía, nos enseña que la realidad está construida a la medida de nuestro inconsciente, de nuestros anhelos… por eso, para estos chicos, no hay tiempo que perder en lamentaciones. Sus pasos se siguen unos a otros, y en cada uno encontrarán situaciones de las que aprender, con las que compartir un pensamiento, una idea, un chiste. Este relato sobre sueños, sin embargo, nos convida a despertar sobre nuestras construcciones de la categoría de infancia, porque estos niños -que no sobrepasa ninguno los 12 años- son capaces de hacerse responsables de sus hermanos, de tomar decisiones, de sortear los obstáculos del camino… aprenden a full time, aprenden de todo. Ningún déficit de atención ni de hiperactividad los amenaza. En la escuela está el saber, los libros, los maestros, los amigos… eso que agrandará sus realidades, que enriquecerá y creará sus mundos.

Cada uno es un caso único. El documental deja translucir algo de la tonalidad de lo que les han transmitido en sus casas, del singular deseo del Otro que los empuja, de los relatos e historias que son el soporte de su tejido, ese que no puede universalizarse. La “discapacidad” de Samuel lo muestra bien: su silla de ruedas maltrecha comanda la operación decidida a convertirse en médico para ayudar a niños con el mismo problema.

Si bien no debemos abandonar la lucha por el acceso universal a la educación, no olvidemos el imposible que ésta alberga. No confundamos el valor y el precio. El acceso a la educación es un derecho universal porque es un valor que de ninguna de las maneras debe quedar atrapado en las garras del capital. Cada cual hace con lo que tiene, y es necesaria la existencia de una escuela. Después, si hay maestros dispuestos a hacerse cargo de su función, la aventura estará servida; los recursos económicos son necesarios, pero no determinantes. Esta película nos da una lección de oro: el deseo bebe de la falta, es su motor, por tanto, el sujeto no puede quedar reducido a ser un mero cliente.

Nuestro contemporáneo malestar en la cultura se llama déficit económico universal; es parte del signo de nuestro tiempo, otra manifestación de lo que llamamos crisis, que también es la crisis del deseo. Sin embargo, las tres actividades que Freud definió como imposibles: gobernar, analizar y educar, hoy más que nunca, deben reconquistar un espacio libre de gestión, de contabilidad, de presupuestos para devolverles la fuerza de su genuina función. Mientras sigamos soñando que el dinero nos traerá la solución de todo, seguiremos perdidos. Por eso urge tomar la invitación al despertar que nos hacen Jackson, Carlitos, Zahira y Samuel: no perder la pista de nuestro deseo y mantenerlo ahí curioso, despierto, vivo, resistente a la profesionalización… pues ese será el modo de inscribir nuestra marca en el real que nos ha tocado vivir en este siglo XXI.

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