Navegando por
Etiqueta: Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

Convocatoria para la presentación de viñetas para el Foro

Convocatoria para la presentación de viñetas para el Foro

Chiamatta per partecipare con una Vignetta al Forum

Chiamatta per partecipare con una Vignetta al Forum

PRESENTACIÓN

PRESENTACIÓN

La presencia social del autismo plantea hoy una problemática a diversos niveles: Se habla del autismo para referirse casi exclusivamente a la infancia; los signos que describe el difundido TEA son ya tan amplios que hacen difícil definir sus fronteras en la infancia, pero también después de ésta; cuanto mayor debate sobre la terapéutica más exitosa, mayor invisibilidad también de aquellos casos que no mejoran como estaba previsto.

No existe entonces ni un discurso ni un método que se ocupe a día de hoy de los adolescentes y los adultos con autismo. Tampoco esos métodos reeducativos que vociferan para la infancia sus “evidencias científicas” se han ocupado de realizar un seguimiento sobre el destino de los niños tratados con sus técnicas, que corroborarían así las cifras de éxito que proclaman.

El real de la pubertad irrumpe entonces para poner a prueba la docilidad del autista educado. Suceden para algunos de ellos verdaderas crisis subjetivas, intratables para la familia y sin respuestas eficaces por parte de la administración. Aquellos autistas que no han encontrado la estabilidad que permite habitar el mundo son considerados así casos graves, irrecuperables y segregados en instituciones más o menos coercitivas, sometidos a una única respuesta institucional: la contención física y medicamentosa. Con la adolescencia y la edad adulta se terminó entonces con la pregunta por el autismo.

Pero, ¿Qué destinos toma aquel autismo que fue diagnosticado en la primera infancia? Son conocidos aquellos casos que respondieron bien a las propuestas terapéuticas ofrecidas. Y son conocidos también aquellos que encontraron, por sus propios medios, un modo de inscribir su síntoma en el vínculo social. Sin embargo, ¿Dónde se encuentran los autistas para los que la estabilidad que necesitan cuestiona todo tipo de modelo asistencial existente? Ese autismo, aquel que es resistente a cualquier abordaje terapéutico o reeducativo es, de hecho, la respuesta a la pregunta “¿Qué es el autismo?” Y es la excepcionalidad de cada uno de estos casos la única aproximación posible que los psicoanalistas tomamos seriamente.

Una prueba de ello son las diversas instituciones creadas en las últimas décadas por psicoanalistas de orientación lacaniana, que demuestran cada vez que la institución puede convertirse para el adulto con autismo en un otro permeable a su síntoma. El valor de invención de estas instituciones merece en estos momentos elaborarse y transmitirse a la luz tanto de las guías de “buenas prácticas”, como de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre las “medidas integrales basadas en la persona”, y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Nos encontramos ante una cuestión fundamentalmente política a la que la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis responde con la organización de este nuevo Foro internacional, que lleva por título “Después de la infancia. Autismo y política” y que tendrá lugar en Barcelona, el 7 de abril de 2018.

Bajo los auspicios de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, convocamos a los políticos concernidos por el tema y a la ciudadanía en general a este foro de debate, que contará con la presencia internacional de psicoanalistas de orientación lacaniana, de asociaciones de padres de personas con autismo, de profesionales diversos que sostienen su práctica e investigación a partir de la pregunta por el autismo más allá de la infancia, y de sujetos que dan testimonio a su modo del real al que se encuentran confrontados.

 

Comité asesor:

Miquel Bassols (AMP), Domenico Cosenza (EFP), Flory Kruger (FAPOL), Enric Berenguer (ELP)

Comité científico:

Agnès Aflalo, Lizbeth Ahumada, Christiane Alberti, François Ansermet, Luisa Aragón, Paola Bolgiani, Vilma Coccoz, Mariana Alba de Luna, Bruno D’Halleux, Antonio Di Ciaccia, Elizabeth Escayola, Dominique Hovoet, Éric Laurent, Jean-Claude Maleval, Marita Manzotti, Nicola Purgato, Jean-Robert Rabanel, Jean-Pierre Rouillon, Jesús Sebastián, Bernard Seynhaeve, Alexander Stevens, Silvia Elena Tendlarz, Yves Vanderveken, Gracia Viscasillas.

Comisión de organización:

Soledad Bertrán, Lucía D’Angelo, Eduard Fernández, Erick González, Marta Gutiérrez, Marta Maside, Regina Menéndez, Jorge Sosa.

Neus Carbonell, Iván Ruiz (directores)

La causa Autismo: Día J.

La causa Autismo: Día J.

9 de diciembre de 2016.

“No adoptada”, con estas palabras pronunciadas por M François De Rugy, quien presidía la sesión de la Asamblea Nacional de esta mañana, se cerró el episodio Fresquelle. La resolución Nº 4134 invitando al gobierno a promover la asistencia del autismo basada en las recomendaciones de la Alta Autoridad de Salud ha sido rechazada por el voto mayoritario de los diputados que participaron. A la hora en que escribimos estas líneas el proceso verbal de la sesión no ha terminado, se lo puede consultar en  http://www.assemblee-nationale.fr/14/cri/2016-2017/20170075.asp#P932104  Asimismo el escrutinio no se ha hecho público aún. Podréis encontrarlo en: http://www2.assemblee-nationale.fr/scrutins/liste/%28legislature%29/14

Volveremos. La balanza se ha inclinado a favor de la libre elección del métdo de cuidados y contra la prohibición del psicoanálisis. Los más de 18.000 que han firmado la resolución han pesado en la balanza. Podemos afirmar que esta movilización popular ha sido decisiva.

El episodio Fresquelle se cerró, pero otros combates se anuncian por la causa del autismo y por el psicoanálisis. El Blog La causa del autismo (ww.cause-autisme.fr) servirá de base de desarrollo de ofensivas y contraofensivas, la red de corresponsales se ha establecido. Si usted se suscribe , será infromado de las iniciativas.

Mantenganse conectados!

El día después.

Y ahora? Ahora que M Fresquelle está vencido, ahora que la Asamblea Nacional a confirmado en materia de autismo la libre elección de método de cuidados, que ha rehusado prohibir el psicoanálisis, que ha rehusado imponer las TCC, Quid faciamus?

Volvamos un momento al debate y a la votación de ayer. La proposición del diputado Fresquelle era manifiestamente excesiva. Esto fue recordado en el debate. Algunos que han votado en contra lamentaron que no haya sido enmendada, modificada, que no pudieran para endulzarla quitar las partes jurídicamente discutibles. En ese caso, qué hubieran hecho? Qué hubiera pasado? La batalla se ha ganado, pero la cuestión se mantiene. Se atribuye al psicoanálisis- de buena o mala fe- y a los psicoanalistas puntos de vista,  prácticas, posiciones en las que no nos reconocemos.

No nos reconocemos entre aquellos que “culpabilizan a las madres”, entre aquellos que aplican tratamientos “que maltratan”, aquellos que reproducen sin contravenir standards gastados en su práctica con los sujetos autistas y su entorno. Las Jornadas de la ECF desde hace muchos años, así como las del Instituto del Niño testimonian muy precisamente lo contrario: prácticas en las antípodas de estas acusaciones: inventiva, creación, acogimiento de la singularidad radical- aquella que cada uno tiene la chance de poder extraer de su propio análisis. Y este foco irradia, informa, inspira, sostiene a numerosos practicantes.

¿Por qué no conseguimos hacerlo saber? ¿Es esta la buena pregunta? Digámoslo de otro modo: cómo hacemos para testimoniar, para rendir cuenta, para hacer visible eso que es nuestro día a día. Podemos creer que no es posible. Nos corresponde hacernos responsables del malentendido.

Nosotros se lo debemos a los 19.000 que firmaron la petición, que no quieren que se prohíba el psicoanálisis, y que no quieren tampoco un statu quo en la asistencia al autismo. Ellos esperan , mejor, participan en la producción de lo nuevo.

Entonces, la causa del autismo se mantiene. En principio porque el destino reservado a estos sujetos está hoy marcado por graves carencias en la asistencia y pesadas cargas en el acompañamiento. Y además, esas carencias generan para ellos y su entorno un sufrimiento que no siempre encuentra alivio. Pero también porque el encuentro con el sujeto autista es una enseñanza única sobre el ser hablante.

La causa del autismo se mantiene, corre a nuestro cargo. ¿Cómo vamos a responder?

Iª Conferencias Internacionales Jacques Lacan. (En Barcelona). Éric Laurent.

Iª Conferencias Internacionales Jacques Lacan. (En Barcelona). Éric Laurent.

I Conferencias Internacionales Jacques Lacan from Comunicación ELP on Vimeo.

Enlace a dos textos sobre la situación de las políticas de autismo en Catalunya, de Neus Carbonell y Mónica Unterberger.

Enlace a dos textos sobre la situación de las políticas de autismo en Catalunya, de Neus Carbonell y Mónica Unterberger.

Meteoro nº 14. Tribuna sobre psicoanálisis y mundo contemporáneo.

“De las conversaciones que hemos tenido hasta ahora con diferentes estamentos de la administración y de los representantes políticos, concluimos que hemos abierto el interés en cuanto a los beneficios de la pluralidad de orientaciones terapéuticas, al menos en un campo tan delicado como el del autismo. Desde luego, vamos a continuar por esta vía. Como hemos afirmado en otras ocasiones, lo que está en juego es un modelo de civilización.”

Neus Carbonell.

“Deberemos añadir, si, ciertamente, fuera verdadera esta búsqueda de un tratamiento posible para el autismo, ¿a qué cabe atribuir una propuesta de tratamiento único, que conlleva tal rechazo radical a los saberes que trabajan para el bienestar de esos sujetos, como también, por el esclarecimiento teórico que solicitan estos nuevos síntomas de nuestra época?”

Mónica Unterberger.

El autismo sin marcadores. Miquel Bassols.

El autismo sin marcadores. Miquel Bassols.

IMAG4257Intervención en el Foro Autismo, Barcelona, 11/12/2015

Tomado con su autorización del blog: Desescrits

Estamos en una época en la que los modelos clínicos para el tratamiento de las diversas enfermedades se suceden a una velocidad creciente. Y ello es debido en parte a los avances técnicos, tanto en el procesamiento de datos informáticos como en los nuevos equipos de observación no invasiva del organismo humano.

Pero los avances tecnológicos no siempre significan un avance en los conceptos que deberían orientar y ordenar la clínica. Más bien puede suceder al revés. Así, en el campo de las llamadas “neurociencias”, lugar de referencia habitual de dichos avances en el campo de la salud mental, se ha señalado con razón el estado más bien precario de la consistencia de los conceptos utilizados. Por ejemplo, y para dar sólo una de las múltiples referencias que hoy encontramos sobre este tema, dos investigadores del Neurocentre Magendie de Burdeos, (Michel Le Moal y Joël Swendsen), han señalado recientemente que “las neurociencias han progresado más sobre la base de avances tecnológicos que no sobre la base de avances conceptuales”. El recurso constante a las nuevas técnicas provenientes de otras ciencias, como las imágenes por resonancia magnética (IRM) o similares, “ha conducido [así] a una visión progresivamente reduccionista del cerebro y de sus funciones”. Por otra parte, tal como señalan los mismos autores, las construcciones psicológicas que intentan escapar a este reduccionismo dejan en el más oscuro misterio buena parte de las conductas individuales observadas: “de hecho —acaban diciendo— la separación entre estas dos aproximaciones nunca ha sido tan grande como ahora”[1]. Así, se constata un progresivo distanciamiento entre los instrumentos diagnósticos y la práctica terapéutica efectiva.

Dicho de otra manera: en este campo, cuanta más precisión existe en las técnicas de exploración, menos se comprende qué se está observando y qué relación tiene con lo que se acaba diagnosticando. Lo que es una muestra más de la creciente independización de la técnica y de sus nuevos recursos en relación a la ciencia que debería saber pensar y orientar su uso. Tal como señalaba Jacques-Alain Miller hace un tiempo en su Curso: “Nos damos cuenta hoy de que la tecnología no está subordinada a la ciencia, representa una dimensión propia de la actividad del pensamiento. La tecnología tiene su propia dinámica”.[2]

Esta dinámica propia de la técnica es la que, de hecho, está arrastrando desde hace unas décadas a la clínica a sus sucesivas remodelaciones. Con respecto a la llamada “salud mental”, y muy en especial en la clínica del autismo, no se trata ya de una remodelación del edificio sino de un cambio radical del propio modelo en sus fundamentos. El clásico manual del DSM, que ha ido extendiendo de manera tan ambigua el término “autismo” hasta transformarlo en ese “trastorno de espectro autista” cada vez más inespecífico, responde a un modelo de descripción estadístico que sus propios redactores están poniendo, como es sabido, cada vez más en cuestión.

No olvidemos que el manual del DSM tuvo de hecho sus primeras inspiraciones en los desarrollos de una clínica psicoanalítica en la que los postfreudianos habían perdido ya la brújula de la propia experiencia freudiana. El furor descriptivo y estadístico fue ganando así la partida hasta hacer hoy de este manual un pesado instrumento cada vez más inoperante para una clínica que, de hecho, despareció en combate ya hace tiempo.

Con respecto al autismo, el resultado es finalmente de lo más confuso. ¿Qué designa hoy el nombre autismo? Éric Laurent lo ha resumido de manera precisa en su libro La batalla del autismo. De la clínica a la política, donde leemos: “Se puede sacar en todo caso una primera enseñanza de los debates con respecto al autismo: un nombre excede a las descripciones de su sentido. Ya no se sabe muy bien lo que este nombre designa exactamente. Su función clasificatoria produce efectos paradójicos: la clasificación que resulta de ello se revela de lo más inestable”.[3]

Así, las marcas del autismo, en el sentido de los rasgos clínicos que lo definirían, se han vuelto cada vez más imprecisas hasta llegar a ampliarse a rasgos que pueden encontrarse también en el común de los humanos.

Por supuesto, esta circunstancia es una objeción de principio que no ha pasado desapercibida para los gestores de la salud mental y sus evaluadores. Ante esta confusión creciente, se anuncia ya una nueva clínica, que promete barrer con las imprecisiones y contradicciones de la clínica que parece destinada a pasar pronto a la historia, como la antigua clínica basada en el DSM. Aunque el debate entre las dos orientaciones se ha establecido ya a ambos lados del Atlántico, todo indica que el cambio de modelo será progresivo pero también profundo. Se trata, en efecto, no de una nueva remodelación de la fachada del edificio clínico sino de un cambio de sus fundamentos siguiendo el nuevo modelo de la hoy llamada “Precision Medicine”, la “Medicina de precisión”. Es la orientación marcada por el National Institute of Mental Health americano, que se propone de hecho substituir a la “Evidence Based Medicine”, la medicina basada en la evidencia o en los indicios, que requería de alguna forma de una interpretación de los rasgos clínicos. El modelo de la “Precision Medicine” no tiene por qué hacer ya un recurso al ambiguo testimonio de la palabra del propio sujeto o de sus familiares, palabra siempre equívoca en sus posibles y múltiples sentidos, o a las descripciones y observaciones que se multiplican de manera incesante. El proyectoPrecision Medicine Iniciative, anunciado por el presidente Obama el pasado mes de Enero, cuenta con una nuevo instrumento, —además de un enorme presupuesto— , un instrumento absolutamente independiente desde su principio de la palabra y del lenguaje, igualmente independiente de la observación clínica clásica. Este nuevo modelo, bautizado como RDoc (Research Domain Criteria) cuenta con la técnica basada en los biomarcadores.

 

Un biomarcador es una sustancia que funciona como indicador de un estado biológico. Debe poder medirse objetivamente y ser evaluado como signo de un proceso biológico normal o patológico, o como respuesta a un tratamiento farmacológico. En el registro genético, un biomarcador puede ser una secuencia de ADN detectada como posible causa de un trastorno. Así, el mismo procedimiento que puede utilizarse para la detección y tratamiento de la diabetes o de distintas formas de cáncer, se piensa también utilizable para toda la serie de trastornos mentales, incluido por supuesto el autismo cuando se lo incluye en esta serie. Desde hace un par de décadas, los laboratorios de investigación se han lanzado a la búsqueda de biomarcadores de la más amplia serie de trastornos descritos, con un optimismo exacerbado por los lobbies de la industria farmacéutica y de ingeniería genética, con la promesa de descubrir los biomarcadores que determinarían dichos trastornos. Con respecto al autismo, no había día sin que apareciera un artículo en las revistas científicas con la hipótesis de tal o cual biomarcador, de tal o cual secuencia de ADN que estarían “implicados” —es el término que se suele utilizar— en la determinación del amplio cuadro definido como autismo o como “trastorno de espectro autista”. Hemos reseñado ya algunos en otra parte. El optimismo decrece y va dando lugar a un fundado escepticismo a medida que se encuentran más y más hipótesis imposibles de verificar para un número suficiente de casos. Más bien parece que a cada caso correspondería una configuración específica.

Se da aquí una nueva paradoja, señalada por nuestro colega Dr. Javier Peteiro, propio de la era de las tecnociencias: “Es llamativo que la Biología se haga determinista cuando la Física ha dejado de serlo. Un determinismo absolutamente infundado, genético o neurobiológico persigue dar cuenta no sólo de cómo es un individuo sino de cómo actuará en un contexto dado.”[4] Como reacción a este determinismo infundado, la nueva Biología llamada “de sistemas” sostiene por el contrario la continua interacción entre procesos que pertenecen a niveles distintos de la jerarquía biológica, que van desde lo molecular hasta la totalidad de los órganos, aparatos y sistemas que conforman el organismo.[5] Y en todo caso, esta interacción está lejos de explicar la respuesta singular que cada sujeto da a su complejidad.

En la carrera a la búsqueda de marcadores del autismo, los llamados “candidatos” no han faltado. Hace cinco años, un conocido y polémico artículo publicado por Helen V. Ratajczak, que había sido una de las principales científicas en un notorio laboratorio farmacológico, hacía una recensión de al menos 79 biomarcadores para el autismo, que podían ser medidos en los sistemas gastrointestinal, inmunológico, neurológico y toxicológico del organismo. Les ahorro la enumeración. La propia autora no deja de avisar de entrada sobre la enorme dificultad y complejidad a la hora de definir las condiciones tan heterogéneas que definen el autismo. Y termina afirmando que “no puede considerarse un solo biomarcador como específico para el autismo”, de modo que resulta absolutamente “inadecuado indicar marcadores únicos”[6] para este amplio espectro de trastornos. Por otra parte, muchas veces el autismo resulta sindrómico, es decir secundario con respecto a otros trastornos orgánicos, lo que hace todavía más complejas las hipótesis.

La lista de biomarcadores candidatos sigue, sin embargo, aumentando. El problema no es ya si puede existir o no un biomarcador para el autismo. El problema es que, siguiendo esta vía, no dejan de aparecer cada vez más, en una progresión que tiende infinitesimalmente a definir el conjunto de rasgos que configuran el organismo humano. De ahí el progresivo escepticismo en estas vías de investigación que, por lo demás, no han tenido la menor incidencia en el tratamiento y en la vida de los sujetos con autismo.

Cuando uno se aventura a explorar esta selva de referencias, de las que nadie puede tener hoy una visión de conjunto, se da pronto cuenta de la existencia de un problema de principio. Los investigadores que promueven y llevan a cabo estas investigaciones rara vez son clínicos, es decir, rara vez se han visto confrontados al tratamiento de personas con autismo. Peor aún: buen número de veces —como en el caso que comenté hace poco sobre un nuevo posible candidato situado en la proteína denominada Shank3— los datos han sido extrapolados a partir de la experimentación con roedores, ratones que han sido diagnosticados como autistas por el hecho de observarse en ellos conductas antisociales, o una “anormalidad en la sociabilidad”, después de haberlos privado de dicha proteína.

De más estaría señalar que la mera idea de diagnosticar a un ratón de “autismo” es un contrasentido absoluto, cuando no un insulto a una tradición clínica que ya tiene suficientes dificultades, como hemos visto, para ordenar el cuadro de fenómenos agrupados bajo este término.

La impresión, después de volver de esta selva de referencias, es que, tanto en los estudios más bienintencionados como en los más inverosímiles (como el que afirma que el plaguicida glifosato producirá un 50% por ciento de niños diagnosticados como autistas dentro de diez años),  ya no se sabe muy bien qué es lo que se está buscando. El autismo es hoy una llave perdida y, como en el cuento de Wenceslao Fernández Flórez, es una llave perdida que se sigue buscando en la noche bajo el farol con la buena excusa de que ahí hay más luz.

 

Digámoslo así para recapitular: la multiplicación de hipótesis sobre biomarcadores y marcadores genéticos, lejos de arrojar alguna luz sobre la imprecisión conceptual que subyace en la noción de autismo, no hace más que oscurecer el verdadero lugar en el que conviene investigar, el que debe promover nuestro interés para tratar y hacer más soportable la vida del sujeto con autismo. El sujeto con autismo es, en primer lugar y a pesar de las apariencias, un sujeto que tiene algo que decirnos —así lo planteó Jacques Lacan de manera tan simple como subversiva—. Es un sujeto que vive y se debate en un mundo de lenguaje que le resulta tan inhóspito como a veces indiferente, pero que tiene sus leyes propias, leyes que debemos aprender a descifrar en cada caso. Y en este campo, en el campo del lenguaje en el que siempre tratamos al sujeto, las resonancias magnéticas, como suelo decir, sirven de bien poco porque de lo que se trata es de estar atento a las resonancias semánticas, a los sentidos y sinsentidos que atraviesan cada acto, cada momento de la vida del sujeto con autismo.

En este campo de juego del lenguaje el autismo se escabulle, en efecto, de todos los marcadores que queramos emparejarle, ya sea —si me permiten la analogía— con el sistema de marcadores por zonas o  de un marcaje jugador a jugador. Y ello por la sencilla razón de que la verdadera marca del sujeto con autismo se encuentra no en su organismo sino en su objeto, en ese objeto que con el que suele acompañarse con tanta frecuencia, ese objeto que a veces nos parece tan inútil como ineficaz para vivir en el mundo, incluso molesto, aunque otras veces se muestre de una utilidad y de una eficacia asombrosas.

 

Permítanme aquí un testimonio personal sobre un episodio que sigue hoy muy presente para mí. A finales de los años setenta, tuve la suerte de empezar a trabajar en un centro de educación especial. Ahí me encontré con un niño de siete años, llamado José. Era un niño que no reconocía su imagen en el espejo, que apenas dirigía una palabra a nadie, que sólo gritaba palabras sueltas e incomprensibles, acompañadas de extrañas estereotipias repetidas una y otra vez. José deambulaba frenéticamente por las distintas estancias de la institución, intentando encontrar el perímetro de un espacio que parecía para él tan invivible como imposible de delimitar. Buscaba así desesperadamente un borde en el que alojar su cuerpo, un cuerpo que él mismo experimentaba, precisamente, sin borde alguno. Cuando me encontré con él, José mostraba en su cara dos marcas, dos inquietantes heridas, exactamente simétricas, en sus mejillas, dos marcas que él mismo se abría constantemente. Con estas dos marcas, José se movía de un lugar a otro sin sentido aparente, como si fuera arrastrado por las dos únicas palabras que gritaba a las paredes, dos palabras que eran una en realidad: “Tren-José”. Cuando a veces llegaba a detenerse, su actividad preferida era formar hileras con objetos de lo más heterogéneos, en un tren inmóvil que sólo se hacía un lugar añadiendo, de forma metonímica, un vagón más para llegar a ninguna parte. Quien haya tratado con niños con autismo reconocerá de inmediato este tipo de fenómenos. Son fenómenos de lenguaje a los que prestamos la mayor atención cuando nos orientamos en la enseñanza de Lacan.

Por mi parte, tardé más de seis meses en entender que el tren en cuestión no era para José un objeto exterior a él, no era un objeto constituido y representable fuera de su cuerpo, un cuerpo que carecía de los bordes simbólicos necesarios para distinguir un interior y un exterior. José venía cada día en tren con su madre al centro. Tardé más de seis meses en entender que ese “Tren-José” atravesaba literalmente su cuerpo de manera aterradora, que no había para él distancia alguna con el rugir del tren incrustado en él, que ese rugir seguía resonando en su cuerpo una vez el tren ya había partido. Y que atravesaba su cuerpo siguiendo las dos vías que aparecían exactamente marcadas en su rostro, sin imagen especular posible.

Con ese descubrimiento hubiera podido tal vez iniciarle en una serie de rutinas adaptativas destinadas a hacerle más soportable el viaje en tren con su madre, y tal vez parar un poco así su ritmo frenético con la esperanza de incrustarle por mi parte las llamadas “habilidades sociales” necesarias para convivir de la buena manera con sus congéneres. No hice nada de eso. Me permití únicamente acompañarle en su deambular frenético por la sala en la que estaba con él y aprovechar los momentos de detención para incluirme yo en la serie de objetos de su tren. Así apareció un buen día un nuevo elemento en el tren de vagón único de sus palabras y vino con un nuevo grito: “Tren-José-Miel”. Entiéndase “Miel” como un trasunto o como una dulce transcripción de mi nombre, si quieren. Lo importante es que ese nuevo vagón fue el inicio de una posible entrada en su vía cortada, el inicio de un extraño vínculo entre “mi” y “él”. Si esa contingencia, casi azarosa, como al pasar, no me pasó por alto fue sin duda porque yo transitaba ya los escritos y los seminarios de Lacan, aunque no lograra entenderlos del todo.

Lo que puedo decir hoy es que si yo hubiera tenido en aquel momento más formación en el Campo Freudiano habría tardado desde el principio no más de seis minutos en entender que en ese “Tren-José” se jugaba toda la estructura de lo que hoy llamamos el “objeto autista”, un objeto sin bordes y que no está localizado a partir de un interior y un exterior del cuerpo, un objeto que es, sin embargo, la vía regia para tratar la insondable decisión del sujeto de rechazar todo vínculo con el otro, todo vínculo que no pasara por esa vía extraña. De este objeto fundamental, principio de todo tratamiento posible, no hay marcadores, sólo marcas que a veces aparecen en el cuerpo, en la lengua o en la imposibilidad de construir uno y otra.

Para localizarlo, no hacía falta ningún escáner, ninguna resonancia magnética, ningún otro medio y presupuesto —entiéndase incluso en su sentido más económico— que haber entendido un poco al menos el aforismo lacaniano según el cual “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, haber entendido que ahí reside finalmente la eficacia de un tratamiento posible siguiendo su orientación.

Este episodio me enseñó que el único marcador del sujeto, el más fiable, se encuentra en el lenguaje, y más todavía cuando la palabra se pierde en los laberintos de un cuerpo imposible de construir. El autismo sin marcadores es el autismo de la palabra, de la lengua privada que debemos aprender a escuchar y a descifrar en las marcas del cuerpo hablante.

Es un tema de suficiente importancia en la actualidad como para que la Asociación Mundial de Psicoanálisis haya creado un Observatorio sobre políticas del autismo, dedicado a investigar y a proponer acciones siguiendo esta orientación.

Es un problema de actualidad clínica, sin duda, pero lo es porque también es finalmente un problema de civilización, es decir de qué civilización queremos. O bien una civilización de sujetos reducidos a biomarcadores, o bien una civilización de seres de lenguaje que quiera descifrar su destino en una cadena de palabras, por simple que parezca, para tratar su malestar.

 

 

 

[1] Michel Le Moal, “Sciences du cerveau : la longue route vers la maturité et le réductionnisme du temps présent”, in Comptes Rendus Biologies 2015.

Disponible on-line: http://www.em-consulte.com/en/article/993264

[2] Jacques-Alain Miller, “Nullibieté”, Cours Orientation lacanienne, 14/11/2007 (inédito).

[3] Éric Laurent, La bataille de l’autisme. De la clinique à la politique. Navarin-Le Champ freudien, Paris 2012, p. 52-53.

[4] Javier Peteiro Cartelle, “Víctima. La presión de las tecnociencias: habitar o ser rehén del cuerpo”, en Freudiana nº 73, Barcelona, Abril 2015, p. 75.

[5] Ver al respecto, Denis Noble, La música de la vida. Más allá del genoma humano. Ediciones Akal, Madrid 2008.

[6] Helen V. Ratacjzak, “Theoretical aspects of autism: biomarkers —a review”, in Journal of Immunotoxicology, 2011; 8(1): 80-94.

 

Manifiesto de Minerva. En respuesta a la campaña de la Associació Aprenem

Manifiesto de Minerva. En respuesta a la campaña de la Associació Aprenem

MANIFESTO DE MINERVA

 MANIFIESTO DE MINERVA EN PDF

(Para adherirse al Manifiesto rellene

el formulario al final del Documento)

Dirigido al Hble. Sr Antoni Comín, Conseller de Salut; a la Hble. Sra. Meritxell Ruiz, Consellera d’Ensenyament; y a la Hble. Sra. Dolors Bassa, Consellera de Benestar Social i Família; de la Generalitat de Catalunya

Y en respuesta a la campaña de la Associació Aprenem: “Prácticas obsoletas en la atención pública del autismo en Cataluña” en Change.org

I. A FAVOR DE LAS CAUSAS LEGÍTIMAS QUE REHÚYEN EL AUTORITARISMO
Reclamos de soluciones reduccionistas a problemas complejos. Esta es la pendiente que toma una sociedad, en este caso la nuestra, cuando elude el debate de las ideas. Si, además, la angustia empuja, entonces aparecen actitudes autoritarias que no aceptan más que el silencio y la obediencia como respuesta.

La campaña iniciada por la Associació Aprenem, con el objetivo de eliminar la orientación clínica del psicoanálisis en los servicios de atención a las personas con autismo es, ciertamente, conductista. Querría modificar la conducta de aquellos profesionales y familias que se moverían buscando otros modelos teóricos y prácticos con los que se sienten más identificados.

Entendemos que esta movilización afecta, por supuesto, a todos aquellos profesionales formados y orientados por el psicoanálisis, pero también a los de otras orientaciones –incluso cognitivo-conductuales- que saben que el tratamiento del autismo es muy difícil y delicado, que la verdad no es nunca absoluta, que la revolución científica en Europa fue posible gracias al pensamiento abierto y plural de la Ilustración y, por tanto, que la ciencia necesita el debate de las ideas y la libertad de sus practicantes, y que la democracia y el derecho de elegir son condiciones inalienables en una sociedad justa que vela por la cohesión social.

Nos alerta y nos preocupa profundamente el alcance de esta manifestación pública, pues trasciende el tratamiento del autismo y el respeto a los derechos más fundamentales. Si nos expresamos con la contundencia de estas líneas es porque la movilización de Aprenem ataca pilares fundamentales de una sociedad como la catalana, que ha conseguido una red en la atención pública educativa, social y sanitaria, reflejo de un tejido social y asociativo, construido durante décadas de democracia, incluso desde antes, durante los años más oscuros de la dictadura.

Las voluntades de incidir en los modelos políticos no deberían poder ejercerse sin el diálogo y el consenso. Cualquier participación unilateral no será sino una imposición, aunque provenga del consenso de una minoría, o de un colectivo que se erige en el verdadero y único portavoz de una causa legítima.

Que un colectivo como este, dudosamente mayoritario, se erija ahora como único amo de la verdad, la quiera imponer y, así mismo, expulsar a los que no comparten su doctrina no es sino un signo alarmante de autoritarismo que en cualquier caso conviene tratar.

II. A FAVOR DE LA DEMOCRACIA, QUE PERMITA LA ELECCIÓN
Paradójicamente, en los últimos años de grave crisis económica, social e institucional, se han hecho evidentes las cualidades de nuestra sociedad. La responsabilidad ciudadana ha sido, sin lugar a dudas, una de ellas, y la demanda de más democracia un signo de madurez de nuestra colectividad. Los servicios sociales, sanitarios y educativos son campos especialmente sensibles al afán regulador, si se olvida que el centro gravitatorio de sus políticas son las personas. Cuando de lo que se trata es de las dificultades por las que ellas pasan, la conversación, el consenso y la aceptación de las limitaciones propias y de los demás resultan ser la única coyuntura que puede hacer posible la aparición de la invención y el mantenimiento de la paz social.

El estado del bienestar –no tan sólido como querríamos, cierto- ha estado sustentado en gran medida por nuestros profesionales –sociales, sanitarios y educativos- en los momentos de más dificultades. Ellos han aceptado cumplir con creces sus responsabilidades en momentos de pérdida muy notable del poder adquisitivo, de derechos laborales, y de condiciones duras de trabajo. Sus formaciones, las universitarias y las permanentes, son muy diversas y muchas de ellas han sido sostenidas con esfuerzo por cada uno de ellos.

Por supuesto que la atención pública es mejorable y que de profesionales hay de muchos tipos. Sin embargo, en mayor o menor grado, sus bagajes forman parte ya de un bien común. Además, el reto que el autismo plantea ha llevado y lleva a muchos de estos profesionales a inventar, desde la falta de un saber definitorio, los recursos más adecuados para las personas con autismo y sus familias.

Es también un hecho compartido que las administraciones trabajan codo con codo con los profesionales de nuestras instituciones, y que los colectivos de padres, madres y afectados, desde la singularidad que caracteriza a cada uno de ellos.

Todo esto nos lleva a preguntarnos:

¿De dónde proviene la autorización de esta asociación para dictar a los políticos cómo los profesionales tienen que hacer su trabajo y a pedirles, además, su obediencia?

¿Quiénes son los profesionales y expertos que les asesoran y con qué instituciones están vinculados?

¿De qué conocimiento sobre la diversidad de formaciones y orientaciones clínicas parten, que malentienden expresamente el psicoanálisis para encajar allí prácticas muy diversas que no se reconocen necesariamente como tal?

¿Dónde está su sentido democrático, que querría impedir a los padres y madres escoger sus recorridos en la red pública y, a los profesionales, la afinidad de su práctica con sus criterios éticos y epistémicos?

Una petición como la de esta asociación –que lleva el imperativo inscrito en su nombre- instala la sospecha entre profesionales, políticos y familias. Y lejos de favorecer la cohesión social, empuja a unos y otros hacia la ruptura de todo tipo de lazo.

El Manifiesto de Minerva es un llamado al respeto mutuo entre los profesionales, los familiares, los representantes de la administración y los políticos. Sabemos que pensamos diferente, que tenemos
orientaciones diferentes, pero creemos que desde el respeto nos podremos exigir, también, hacer bien nuestro trabajo.

III. A FAVOR DE LA MULTIDISCIPLINARIEDAD Y LAS OPCIONES TÉORICAS DIVERSAS
La cuestión del autismo no había estado nunca en el primer plano de las políticas sociales y sanitarias. Esta situación nos permite seguir con atención los avances de la ciencia seria –lentos pero seguros- pero, sobre todo, abordar los imposibles que el autismo plantea, desde la cotidianeidad de las personas afectadas y de sus familias. A la vez, constatamos que el protagonismo actual de este diagnóstico puede generar una demanda de resolución difícil de soportar. El activismo del colectivo Aprenem es un ejemplo de ello.

No disponemos como sociedad de un consenso sobre las causas del autismo ni tampoco de un acuerdo profesional sobre una supuesta curación. Así, sin este consenso, es preciso debatir desde el conocimiento riguroso de lo que hacemos.

No estamos en disposición de pretender que lo que ha servido para unos tenga que funcionar para otros.

No siendo la evidencia científica que se pregona una evidencia de curación, tampoco un método puede ofrecerse como única propuesta. En efecto, más allá de la respuesta de la ciencia, los padres evidencian lo que les ha servido, a sus hijos y a ellos. La evidencia no es finalmente científica, es testimonial.

Reducir el tratamiento del autista a la rectificación de sus conductas implica desconocer que las personas padecemos, sentimos, nos expresamos, nos construimos en la relación con los demás, y nuestras conductas, aunque cuestionen el sentido común, son un reflejo de ello. Aunque sea obvio, consideramos como personas también a los llamados autistas y esperamos de ellos sus expresiones más íntimas, aunque no encajen en la imagen narcisista del mundo.

Añadimos, además, que reducir el tratamiento del autismo a la rectificación de sus conductas implica considerar que la base de estas técnicas radica en la obtención de la obediencia del autista. Consecuentemente, todos aquellos que no se presten serán segregados por incompatibilidad con el método.

El abordaje del autismo no puede ser más que multidisciplinar, ya que su afectación recae sobre prácticamente todas las parcelas de la vida del sujeto. Psicoanalistas de diferentes orientaciones, psicólogos, logopedas, terapeutas diversos, psicomotricistas, médicos, psiquiatras, pediatras, maestros y educadores tienen que ejercer su trabajo desde su disciplina. Pero el hecho de que la perspectiva de la que partan no sea el psicoanálisis no implica que se les tenga que requerir un abordaje conductual.

Conviene tener presente que están apareciendo críticas argumentadas que, desde disciplinas diversas, cuestionan la ética de los métodos reeducativos y de rectificación de conducta. Entre ellas, la de testimonios de personas con autismo que han sido objeto de su aplicación y que, como Michelle Dawson, han accedido a la escritura para poder explicarlo. Conviene estudiarlos a fondo, así como los textos de referencia de unas prácticas que, ya con el fundador del ABA (Applied Behavior Analysis), O.I. Lovaas, se situaban en el grave margen del maltrato.

Finalmente, advertimos que si deducimos los abordajes del autismo a un solo produciremos grandes bolsas de segregación que no harán sino aumentar el problema que pretendíamos resolver. El autismo es difícil, plantea muchos interrogantes y algunos imposibles, hecho que obliga a que los recorridos que los padres
quieran hacer sean tan diversos como sus propios estilos de educar. Si la administración no ofrece estas opciones desde el ámbito público, aparecerán otras prácticas mucho más oscuras.

Los firmantes de este Manifiesto, y todos aquellos que se irán añadiendo –instituciones, profesionales de disciplinas y orientaciones diversas, entidades de familiares de personas con autismo- exponemos:

1. Que nos encontramos ante una agresión al derecho fundamental del ejercicio de elección de la orientación teórico-práctica de los profesionales, del derecho democrático de padres y madres a escoger el tratamiento que consideren más oportuno para sus hijos, y de la libertad de expresión de las personas afectadas de autismo.

2. Que la evidencia científica, estandarte de su batalla, tiene que ser objeto de un análisis riguroso y de una crítica fundamentada, pues se sirve de la disciplina científica para prometer más de lo que demuestra.

3. Que necesitamos la ayuda de nuestros representantes políticos para detener pendientes autoritarias como la que lidera hoy Aprenem, así como la apertura de espacios de reflexión, discusión e intercambio de ideas por parte de los agentes que estamos implicados en la mejora de las personas con TEA y de sus familias.

Aprenem nos ha situado ante una disputa como aquella que, en el mito, tenía que resolver poner un nombre a la ciudad de Atenas. Neptuno y Minerva fueron convocados a encontrar la opción más próspera, pero el primero de ellos olvidó que poner un nombre no quería decir hacerse con el dominio de un territorio.

En Barcelona, a 22 de diciembre de 2015

Foro autismo 2015

http://autismos.elp.org.es

foroautismo@elp.org.es

Nombre (obligatorio)

Apellidos (obligatorio)

NIF

Correo electrónico (obligatorio)

Profesión-Oficio-Afinidad (obligatorio)

Manifest de Minerva. En resposta a la campanya de l’Associació Aprenem.

Manifest de Minerva. En resposta a la campanya de l’Associació Aprenem.

MANIFEST DE MINERVA

(Per Adhesións al Manifiest s’ha de omplir

el formulari al final del document)

MANIFEST DE MINERVA EN PDF

Dirigit a l’Hble. Sr Antoni Comín, Conseller de Salut; a la Hble. Sra. Meritxell Ruiz, Consellera d’Ensenyament; i a la Hble. Sra. Dolors Bassa, Consellera de Benestar Social i Família; de la Generalitat de Catalunya

 

I en resposta a la campanya de l’Associació Aprenem: Prácticas obsoletas en la atención pública del autismo en Cataluña” a Change.org

 

  1. A FAVOR DE LES CAUSES LEGÍTIMES QUE DEFUGEN L’AUTORITARISMEReclams de solucions reduccionistes per a problemes complexos. Aquest és el pendent que pren una societat, en aquest cas la nostra, quan eludeix el debat de les idees. Si, a més, l’angoixa empeny, aleshores apareixen actituds autoritàries que no accepten més que el silenci i l’obediència com a resposta.La campanya endegada per l’Associació Aprenem, amb l’objectiu d’eliminar l’orientació clínica de la psicoanàlisi als serveis d’atenció a les persones amb autisme és, certament, conductista. Voldria modificar la conducta d’aquells professionals i famílies que es mourien cercant altres models teòrics i pràctics amb els quals se senten més identificats.Entenem que aquesta mobilització afecta, per descomptat, tots aquells professionals formats i orientats per la psicoanàlisi, però també tots aquells d’altres orientacions—fins i tot cognitivo-conductuals— que saben que el tractament de l’autisme és molt difícil i delicat, que la veritat no és mai absoluta, que la revolució científica a Europa fou possible gràcies al pensament obert i plural de la Il·lustració i, per tant, la ciència necessita el debat de les idees i la llibertat dels seus practicants, i que la democràcia i el dret a escollir són condicions inalienables en una societat justa que vetlla per la cohesió social.

    Ens alerta i ens preocupa profundament l’abast d’aquesta manifestació pública perquè  transcendeix el tractament de l’autisme i el respecte als drets més fonamentals. Si ens expressem amb la contundència d’aquestes ratlles és perquè la mobilització d’Aprenemataca pilars fonamentals d’una societat, com la catalana, que ha aconseguit una xarxa en l’atenció pública educativa, social i sanitària, reflex d’un teixit social i associatiu, construït durant dècades de democràcia, fins i tot des d’abans, durant els anys més foscos de la dictadura.

    Les voluntats d’incidir en els models polítics no haurien de poder exercir-se sense el diàleg i el consens. Qualsevol participació unilateral no serà sinó una imposició, encara que provingui del consens d’una minoria, o d’un col·lectiu, que s’erigeix en el veritable i únic portantveu d’una causa legítima.

    Que un col·lectiu, dubtosament majoritari, s’erigeixi ara com a únic amo de la veritat, la vulgui imposar i, així mateix, expulsar els qui no comparteixen la seva doctrina no és sinó un signe alarmant d’autoritarisme que en qualsevol cas convé tractar.

     

  2. A FAVOR DE LA DEMOCRÀCIA, QUE PERMET L’ELECCIÓParadoxalment, en els darrers anys de greu crisi econòmica, social i institucional, s’han fet evidents les qualitats de la nostra societat. La responsabilitat ciutadana ha estat, sens dubte, una d’elles, i la demanda de més democràcia un signe de maduresa de la nostra col·lectivitat. Els serveis socials, sanitaris i educatius són camps especialment sensibles a l’afany regulador si s’oblida que el centre gravitatiu de les seves polítiques són les persones. Quan del que es tracta és de les dificultats per les que elles passen, la conversa, el consens i l’acceptació de les limitacions pròpies i dels altres resulten ser l’única conjuntura que pot fer possible l’aparició de la invenció i el manteniment de la pau social.L’estat del benestar –no tan sòlid com voldríem, cert- ha estat sustentat en bona part pels nostres professionals  –socials, sanitaris i educatius- en els moments de més dificultats. Ells han acceptat complir amb escreix les seves responsabilitats en moments de pèrdua molt notable del poder adquisitiu, de drets laborals i de condicions dures de treball. Les seves formacions, les universitàries i les permanents, són molt diverses i moltes d’elles han estat sostingudes amb esforç per cadascun d’ells.De ben segur que l’atenció pública és millorable i que de professionals n’hi ha de moltes menes. Tanmateix, amb més o menys mesura, els seus bagatges formen part ja d’un bé comú. A més, el repte que l’autisme planteja ha portat i porta a molts d’aquests professionals a inventar, des de la manca d’un saber definitori, els recursos més adients per a les persones amb autisme i les seves famílies.  

    És també un fet compartit que les administracions treballen colze a colze amb els professionals de les nostres institucions i amb els col·lectius de pares, mares i afectats, des de la singularitat que caracteritza a cadascun d’ells.

    Tot això ens porta a preguntar-nos:

    D’on prové l’autorització d’aquesta associació a dictar als polítics com els professionals han de fer la seva feina i a demanar-nos a més obediència?

    Quins són els professionals i experts que els assessoren i a quines institucions estan vinculats?

    De quin coneixement sobre la diversitat de formacions i orientacions clíniques parteixen que malentenen volgudament la psicoanàlisi per a encabir-hi pràctiques molt diverses que no es reconeixen necessàriament com a tal?

    On és el seu sentit de la democràcia que vol impedir als pares i mares escollir els seus recorreguts a la xarxa pública, i, als professionals, l’afinitat de la seva pràctica amb els seus criteris ètics i epistèmics?

     

    Una petició com la d’aquesta associació -que porta l’imperatiu inscrit en el seu nom- instal·la la sospita entre professionals, polítics i famílies. I lluny d’afavorir la cohesió social, empeny uns i altres cap al trencament de tot lligam.

    El Manifest de Minerva és una crida al respecte mutu entre els professionals, els familiars i els representants de l’administració i de polítics. Sabem que pensem diferent, que tenim orientacions diferents, però creiem que des del respecte ens podrem exigir, també, fer bé la nostra feina.

     

  3. A FAVOR DE LA MULTIDISCIPLINARITAT I LES OPCIONS TEÒRIQUES DIVERSESLa qüestió de l’autisme no havia estat mai en el primer pla de les polítiques socials i sanitàries. Aquesta situació ens permet seguir amb atenció els avenços de la ciència seriosa –lents, encara que segurs- però, sobretot, abordar els impossibles que l’autisme planteja des de la quotidianitat de les persones afectades i de llurs famílies. A la vegada, constatem que el protagonisme actual d’aquest diagnòstic pot generar una demanda de resolució difícil de suportar. L’activisme del col·lectiu Aprenem n’és un exemple.No disposem com a societat d’un consens sobre les causes de l’autisme ni tampoc d’un acord professional sobre una suposada curació. Així, sense aquest consens, ens cal debatre des del coneixement rigorós d’allò que fem. No estem en disposició de pretendre que allò que ha servit per a uns hagi de funcionar per als altres.No sent l’evidència científica que es pregona una evidència de curació, tampoc un mètode por oferir-se com a única proposta. En efecte, més enllà de la resposta de la ciència, els pares evidencien d’allò que els ha servit, als seus fills i a ells. La seva evidència no és finalment científica, és testimonial.

    Reduir el tractament de l’autista a la rectificació de les seves conductes implica desconèixer que les persones patim, sentim, ens expressem, ens construïm en la relació amb els altres, i les nostres conductes, encara que qüestionin el sentit comú, en són un reflex. Encara que obvi, considerem com a persones també els anomenats autistes i esperem d’ells les seves expressions més íntimes, encara que no encaixin en la imatge narcisista del món.

    Afegirem encara que reduir el tractament de l’autista a la rectificació de les seves conductes implica considerar que la base d’aquestes tècniques rau en l’obtenció de l’obediència de l’autista. Conseqüentment, tots aquells que no s’hi prestin seran segregats per incompatibilitat amb el mètode.

    L’abordatge de l’autisme no pot ser més que pluridisciplinar, ja que l’afectació recau sobre gairebé totes les parcel·les de la vida del subjecte. Psicoanalistes de diferents orientacions, psicòlegs, logopedes, terapeutes diversos, psicomotricistes, metges, psiquiatres, pediatres, mestres i educadors han d’exercir la seva feina des de la seva disciplina. Però el fet que la perspectiva de la que parteixen no sigui la psicoanàlisi no implica que se’ls hagi de requerir un abordatge conductual.

    Convé tenir present que estan apareixent crítiques argumentades que, des de disciplines diverses, posen en qüestió l’ètica dels mètodes reeducatius i de rectificació de conducta.Entre elles, la de testimonis de persones amb autisme que han estat objecte de la seva aplicació i que, com Michelle Dawson, han arribat a l’escriptura per a poder explicar-ho. Cal estudiar-los a fons, així com els textos de referència d’unes pràctiques que, ja amb el fundador de l’ABA (Applied Behavior Analysis), O.I. Lovaas, se situaven al greu marge del maltracte.

    Finalment, advertim que si reduïm els abordatges de l’autisme a un de sol produirem grans bosses de segregació que no faran sinó augmentar el problema que preteníem resoldre. L’autisme és difícil, planteja molts interrogants i alguns impossibles, fet que demana que els recorreguts que els pares vulguin fer siguin tan diversos com els seus propis estils d’educar. Si l’administració no ofereix aquestes opcions des de l’àmbit públic, faran aparició altres pràctiques molt més obscures.

    Els sotasignants d’aquest Manifest, i tots aquells que s’hi aniran afegint –institucions, professionals de disciplines i orientacions diverses, entitats de familiars de persones amb autisme –  exposem:

  1. Que ens trobem davant d’una agressió al dret fonamental en l’exercici de l’elecció de l’orientació teòrico-pràctica dels professionals, del dret democràtic de pares i mares a escollir el tractament que considerin més adient per als seus fills i de la llibertat d’expressió de les persones afectades d’autisme.
  2. Que l’evidència científica, estendard de la seva batalla, ha de ser objecte d’una anàlisi rigorosa i d’una crítica fonamentada, ja que se serveix de la disciplina científica per a prometre més del que demostra.   
  3. Que necessitem l’ajut dels nostres representants polítics per a aturar pendents autoritaris com el que lidera avui Aprenem, així com l’obertura d’espais de reflexió, discussió i intercanvi d’idees dels agents que estem implicats en la millora de les persones amb TEA i les seves famílies.

Aprenem ens ha situat davant d’una disputa com aquella que, en el mite, havia de resoldre posar un nom a la ciutat d’Atenes. Neptú i Minerva van ser convocats a trobar l’opció més pròspera però el primer va oblidar que posar un nom no volia dir fer-se amb el domini d’un territori.

 

A Barcelona, el 22 de desembre de 2015

 Fòrum autisme 2015

http://autismos.elp.org.es

foroautismo@elp.org.es

 

Nombre (obligatorio)

Apellidos (obligatorio)

NIF

Correo electrónico (obligatorio)

Profesión-Oficio-Afinidad (obligatorio)

A %d blogueros les gusta esto: