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Categoría: Referencias

Sobre el documental “Camino a la Escuela” de Pascal Plisson. Por Irene Domínguez

Sobre el documental “Camino a la Escuela” de Pascal Plisson. Por Irene Domínguez

Uno de los efectos desastrosos del auge del capitalismo lo constatamos en la educación. Desastre que no solo se refleja en el aumento del analfabetismo y la creciente inaccesibilidad a la educación en muchas partes del mundo, sino también en su degradación como resultado de la disolución de sus principios más elementales. Convertir bienes sociales básicos -como la educación o la sanidad- en asunto de mercado, sucumbir a las exigencias del neoliberalismo, hacer de absolutamente todo un producto en busca de su mayor rentabilidad, es atentar mortalmente contra la subjetividad, la cultura, el saber y la transmisión. Es pretender abolir el deseo, la vida.

Por eso, cuando periódicamente nos muestran el ejemplo de Finlandia como el paraíso del modelo educacional, pienso en lo fácil que es no entrar en detalles y asociar la idea de que para tener acceso a una buena educación, para poder conservar sus principios elementales, hay que ser rico, es cuestión de inversión. Hay allí una trampa.

De ahí el enorme placer de encontrarme con el documental Camino a la escuela que nos muestra el periplo que hacen para ir a la escuela unos cuantos niños en cuatro lugares distintos del planeta. Sus protagonistas, Jackson en África, Carlitos en Argentina, Zahira en Marruecos y Samuel en India, nos invitan a recorrer con la cámara su entusiasta trayecto cotidiano a la escuela. Los majestuosos paisajes que incluyen la Sabana africana, la Patagonia argentina, las montañas del Atlas marroquí y los paisajes indios, son el imponente telón de fondo donde se dibujan los pasos decididos de estos niños que imprimen, en lo real de la naturaleza, la marca singular de un deseo alegre lleno de vida. Hermosa representación de esa confluencia heterogénea e imposible que es para el humano la vida tomada por el lenguaje.

Este documental nos habla del deseo y de su ineludible relación al saber. La falta constitutiva del sujeto es el motor fundamental para moverse, perseguir sueños, sortear obstáculos… Cuando somos tocados por la transmisión de un deseo, el ansia de saber creará un lugar al que dirigirnos que determinará para siempre nuestros pasos.

Esos niños cuentan eso: la realización de sus más ambiciosos sueños pasan por la escuela. Ese motor incombustible convierte un trayecto de horas, bajo el sol o la lluvia, atravesando el desierto o enfrentando el peligro de bestias salvajes, en una preciosa metáfora del deseo: en el bordeamiento de lo que pretendemos conseguir, en esas miles de vueltas necesarias para alcanzarlo, está la riqueza de su logro. La meta incluye el camino, como muestra la Itaca de Kaváfis.

Este hermoso documental no exento de poesía, nos enseña que la realidad está construida a la medida de nuestro inconsciente, de nuestros anhelos… por eso, para estos chicos, no hay tiempo que perder en lamentaciones. Sus pasos se siguen unos a otros, y en cada uno encontrarán situaciones de las que aprender, con las que compartir un pensamiento, una idea, un chiste. Este relato sobre sueños, sin embargo, nos convida a despertar sobre nuestras construcciones de la categoría de infancia, porque estos niños -que no sobrepasa ninguno los 12 años- son capaces de hacerse responsables de sus hermanos, de tomar decisiones, de sortear los obstáculos del camino… aprenden a full time, aprenden de todo. Ningún déficit de atención ni de hiperactividad los amenaza. En la escuela está el saber, los libros, los maestros, los amigos… eso que agrandará sus realidades, que enriquecerá y creará sus mundos.

Cada uno es un caso único. El documental deja translucir algo de la tonalidad de lo que les han transmitido en sus casas, del singular deseo del Otro que los empuja, de los relatos e historias que son el soporte de su tejido, ese que no puede universalizarse. La “discapacidad” de Samuel lo muestra bien: su silla de ruedas maltrecha comanda la operación decidida a convertirse en médico para ayudar a niños con el mismo problema.

Si bien no debemos abandonar la lucha por el acceso universal a la educación, no olvidemos el imposible que ésta alberga. No confundamos el valor y el precio. El acceso a la educación es un derecho universal porque es un valor que de ninguna de las maneras debe quedar atrapado en las garras del capital. Cada cual hace con lo que tiene, y es necesaria la existencia de una escuela. Después, si hay maestros dispuestos a hacerse cargo de su función, la aventura estará servida; los recursos económicos son necesarios, pero no determinantes. Esta película nos da una lección de oro: el deseo bebe de la falta, es su motor, por tanto, el sujeto no puede quedar reducido a ser un mero cliente.

Nuestro contemporáneo malestar en la cultura se llama déficit económico universal; es parte del signo de nuestro tiempo, otra manifestación de lo que llamamos crisis, que también es la crisis del deseo. Sin embargo, las tres actividades que Freud definió como imposibles: gobernar, analizar y educar, hoy más que nunca, deben reconquistar un espacio libre de gestión, de contabilidad, de presupuestos para devolverles la fuerza de su genuina función. Mientras sigamos soñando que el dinero nos traerá la solución de todo, seguiremos perdidos. Por eso urge tomar la invitación al despertar que nos hacen Jackson, Carlitos, Zahira y Samuel: no perder la pista de nuestro deseo y mantenerlo ahí curioso, despierto, vivo, resistente a la profesionalización… pues ese será el modo de inscribir nuestra marca en el real que nos ha tocado vivir en este siglo XXI.

Fragmento de “El emperador soy yo” de Hugo Horiot. Por Erick González.

Fragmento de “El emperador soy yo” de Hugo Horiot. Por Erick González.

Portada del libro. Editorial Kairós. Pag web de La Casa del libro.

“Soy prisionero de mi cuerpo y, si hablo, seré vuestro prisionero. A perpetuidad. Prefiero observaros sin que se note. Os espío. Si los ojos son las ventanas del alma, como me han dicho mis padres, podría ver la vuestra, pero eso me obligaría a desvelar parte de la mía. No veréis mi alma. Veis mi cuerpo y eso ya es demasiado. Mi cuerpo será sólo una losa sepulcral, un muro, no os daré nada. No me gusta vuestro mundo. No puedo hacer nada, decidir nada; si camino, estoy obligado a seguiros, a seguir esas consignas sin fundamentos, a meterme en las filas, por parejas, y además es preciso darse la mano. Obligado a abandonar mis pensamientos, mis imágenes, mis sueños. Me niego a cambiar mis sueños por vuestras sonrisas, vuestras buenas apreciaciones. No quiero ser mejor que vosotros en cualquier cosa. Me importáis un comino, vosotros, el parvulario, la excursión y vuestros concursos de feria. No seré vuestro amigo y menos aún vuestro criado.” 

Se trata de un testimonio escrito treinta años después. Hugo Horiot, hijo de la escritora Françoise Lefebvre, fue diagnosticado de síndrome de Asperger y actualmente es actor, director de teatro y escritor. Dicho testimonio vehicula la cifra sorprendente de toda una actividad de pensamiento silenciado tras la pesada tapia del aislamiento. En el fragmento se anticipa toda una elaboración al respecto de las lógicas de aprisionamiento, dominación, esclavitud, desarrollándose posteriormente una fantasía de contenido militar, en la que el pequeño sujeto explica una estrategia para llegar a controlar a sus compañeros de parvulario, en caso tal de que le obliguen a “normalizarse”, y tener que ir a jugar en el patio con sus “amiguitos”. El pequeño sujeto, después de tal desarrollo, interpela al Otro de la educación, que en el parvulario parece que se resume en un ideal de que todo niño debe jugar con los otros:

“Entonces… ¿Realmente queréis que vaya a jugar con mis compañeros? ¿O preferís que siga siendo el más bueno de la escuela, con mi 10 en conducta? Sus juegos no me dejan otra alternativa que convertirme en un dictador. ¿Será también así después de la escuela? No sabéis con quién estáis tratando, porque no os enseño mis ojos. Pero os aviso: si alguna vez juego, lo haré con mis reglas. Atacar a un pequeño solo en un rincón, sin razón alguna, no me interesa.
 
Detesto a los niños, y también a sus juegos violentos y carentes de sentido. Sin el menor interés. Nulos. Por lo demás, me detesto a mí mismo.
 
Los otros se mueven continuamente, sólo piensan en gritar y nada quieren saber de la Tierra y el cosmos. Peor para ellos. Y, sin embargo, al parecer soy yo el que tiene un problema.
 
Mi problema sois vosotros.” 
¿No es acaso la tensión entre la imposición de una forma ideal de estar en el mundo -que vehiculiza cada institución-, y el mundo sorprendente, y radicalmente diferente en cada sujeto, algo con respecto a lo cual conviene estar atentos cuando se trata de educar?

 

De las páginas: 45-49. El emperador, soy yo. Una infancia en el autismo. Hugo Horiot. Ed. Kairós, 2014.

Presentación: ¿insumisos de la educación?

Presentación: ¿insumisos de la educación?

Cartel foro 2015

¿INSUMISOS DE LA EDUCACIÓN?

FORO SOBRE AUTISMO

Escuela lacaniana de psicoanálisis

 

PRESENTACIÓN

El autismo es resistente a la educación

Incorporar las primeras palabras, aceptar los hábitos básicos, regular los impulsos en el cuerpo o incorporarse en el vínculo social; para todo ello es imprescindible creer en la palabra del otro. Sin la educación, no es posible establecer las bases de la regulación mínima que todo sujeto necesita para vivir. Sin embargo, el llamado autista demuestra en acto que la educación, si pretende regularlo todo, se vuelve imposible.

Consentir a ser educado

Lo que se espera de la educación cambia en cada momento histórico pero se mantiene en una constante: ser educado implica siempre consentir a la educación. Ahí se encuentra el autista: contrario a aceptar de entrada otras condiciones que no sean las propias; seguro en su propio modo de aprender, en el cuándo, en el cómo y en el con quién; pero, sobre todo, reacio a la demanda que el educador hace pasar en silencio: “¡Quiéreme!”

El ámbito educativo está en crisis

Las escuelas intentan desprenderse de los currículums demasiado rígidos, la disminución de recursos aumenta la exigencia sobre los docentes, la inclusión educativa hace aparecer fenómenos diversos de exclusión en el interior mismo de los centros educativos y la angustia de los profesionales se vuelve correlativa a su falta de formación. Frente a todo esto, las familias de niños con autismo se ven desorientados ante la pregunta: “¿Qué escuela para nuestro hijo?”

Se alerta ya del sobrediagnóstico de TEA

Parece no existir demasiado desacuerdo en los criterios mínimos para el diagnóstico de un autismo. Sin embargo, el uso del llamado TEA fuerza la inclusión de todos aquellos casos que presentan algún tipo de trastorno del lenguaje. Como lo fue el TDHA hace algunos años, el TEA se ha convertido en el nuevo nombre de los desarreglos que pueden encontrarse en la infancia.

La alianza entre la industria farmacéutica y las burocracias sanitarias permiten pensar que, en breve, será en el Trastorno bipolar donde caerán los casos de niños sin diagnóstico asignado. Las escuelas ven aumentar en sus aulas niños diagnosticados de TEA y de TDHA, e incluso de ambas cosas. La pregunta de maestros y profesores es ciertamente pertinente: “¿A qué se debe este alarmante aumento del diagnóstico?”

Medicación o expulsión

Pero es claramente en el tratamiento del autismo donde no existe un consenso profesional. Los métodos reeducativos se han vuelto lo suficientemente ambiguos como para que los profesionales que los aplican sostengan que se tienen en cuenta las particularidades de cada sujeto. El ámbito educativo es hoy para el cognitivismo el terreno fecundo donde podría “corregirse el autismo”.

La psicología moderna ha entrado en la escuela para quedarse. Y es también ahí donde encontramos sujetos que responden con agresividad, que se les exige estar medicados como condición para su continuidad en el centro; o que se instalan en un inquietante hiperconformismo para intentar ser invisible para los demás, pero también para ellos mismos.

Instituciones para la edad adulta

La atención del autismo en la adolescencia y en la edad adulta no prescinde del ideal normalizador con el que se aplica la reeducación. Al contrario, la resistencia del sujeto adulto a la educación acostumbra a tratarse con más educación. Y si la respuesta del sujeto es la agresividad, la conclusión de los profesionales se vuelve en ocasiones unánime: “Ha tenido una crisis porque es un caso grave”. Los psicoanalistas encontramos en la posición autista que se prolonga en la vida adulta la ocasión para elevar a la categoría de invención todo aquello que el sujeto encontró para sostenerse en el vida. Conviene entonces ser muy educado para acompañar al sujeto autista.

Nuestras preguntas

¿Qué se espera de la educación, hoy? ¿A qué dice no un sujeto cuando se opone al adulto? ¿Cuáles son las consecuencias de relegar el tratamiento del autismo a la escuela? ¿Qué propone el psicoanálisis para el trabajo con el autismo en el ámbito educativo y en las instituciones que acogen a sujetos adultos? ¿De qué modo autismo y educación son posibles juntos? ¿O es que los llamados autistas son insumisos de la educación?

Un foro sobre autismo y educación

La Escuela lacaniana de psicoanálisis reunió en Barcelona, en 2010, a un gran número de personas para promover en lo social un debate en torno a la cuestión del autismo. Para el próximo 11 de diciembre de 2015, convocamos a los profesionales concernidos por el tema, a familiares afectados por estas cuestiones, a políticos sensibles a la problemática actual y a todos aquellos que estén interesados, a participar de este foro abierto a la ciudad.

 

FECHA

Viernes 11 de diciembre de 2015.

DURACIÓN

De 9 a 19h.

LUGAR

Auditorio AXA (Av. Diagonal 547, Barcelona).

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