El autismo, hoy, en el cine y en la cultura. Por Enric Berenguer.

La época del testimonio.

Hace años empezaron a aparecer relatos autobiográficos de casos reales de personas afectadas de autismo. Son una fuente inestimable de saber sobre esta afección del ser y nos aportan orientaciones decisivas para su tratamiento. La angustia más radical, en personas que no disponen de los apoyos del vínculo con los demás, aporta enseñanzas inesperadas. En los testimonios de las personas con autismo, sin lugar a dudas, aprendemos como pocas otras veces podemos hacerlo acerca dimensión de lo singular, que suele quedar sumergida por la alienación a la masa.

En 1992 aparece el primer libro de D. Williams[1]. Hay otros de autistas que escriben en colaboración con su familia, como el de J. Barron y S. Barron[2]. A partir de 1995 se publican los libros autobiográficos de T. Grandin[3]. Y en adelante abundan los ejemplos de aportaciones importantes. Destaquemos rápidamente las de D. Tammet[4] y K. Nazeer[5], ambas de 2006.

Los testimonios escritos[6] o también los filmes llevados a cabo por familiares son destacables, como “Elle s’appelle Sabine”, de S. Bonnaire (2007), o “El pozo”, de R. Carnevale (2012). Muestran el esfuerzo por enfrentarse a las dificultades de la relación sin ninguna exigencia preestablecida y colaborando con el modo en que el sujeto autista busca una respuesta propia a sus necesidades de estructurar su mundo siguiendo las vías de la invención.

En los últimos años se han producido documentales realizados por psicoanalistas (“Altres veus”, de S. Cortés e I. Ruiz, estrenado en 2012, y “À ciel ouvert”, de M. Otero, estrenado en 2014). En ellos se destaca el saber propio que cada sujeto produce a partir de aquello que él tiene de único e irrepetible, viendo caso por caso qué tipo de partenaire puede ser más útil al autista. Así como hace tiempo Lacan situó cierto lugar que se podría ocupar para colaborar con el sujeto psicótico, en los términos humildes del “secretario del alienado”[7], los psicoanalistas tratan de definir qué tipo de lugar convendría ocupar para el sujeto autista.

Listaríamos unas setenta y dos obras fílmicas en las que el autismo está concernido. Son producciones realizadas en Europa, en EE. UU, pero también en países emergentes como India, o Pakistán. Aparte de lo acertado o no de cada una, este simple hecho da la medida del interés generalizado que el tema suscita.

Esto en un contexto donde un Nobel de literatura, K. Oé, dedicó un libro[8] a testimoniar sobre su hijo autista…. y una autora que recibió el mismo premio, E. Jelinek, fue paciente en su infancia del mismísimo Asperger[9] – aunque ella criticó toda tentativa de diagnosticarla como autista.

El “Asperger” figura en novelas, como Millenium de S. Larsson. Y en series donde personajes  geniales actúan en complejas investigaciones policiales. Son autistas de “alto rendimiento”, como siempre se nos hace saber. Big Bang theory abunda en la fascinación por el científico con (rasgos) Asperger.

Esto indica la importancia de la figura del autista en la cultura contemporánea actual. Aunque ello tiene sus riesgos, al estimular explicaciones y prácticas que, presentadas de un modo edulcorado, pueden convertirse en forzamientos, en adoctrinamientos – no lo son menos por no hacerse en nombre de la religión.

Texto completo disponible en el Dossier del Foro, a la venta en la librería del Foro.

[1]     Williams, D., Nobody nowhere, J K P; próxima edición en español, NED ediciones, Barcelona; de Somebody Somewhere (1994) hay edición española: Alguien en algún lugar, NED, Barcelona, 2012.

[2]        Barron, S., There’s a Boy in Here, Future Horizons, 2002.

[3]     Grandin, T., Thinking in pictures, Vintage Books, 1996.

[4]     Tammet, D., Born on a blue day, Hodder, 2007.

[5]     Nazeer, K., Send in the idiots, Bloomsbury, 2007.

[6]     Como el de S. Reliquet, Ph. Reliquet, Écouter Haendel, Gallimard, 2011.

[7]     Lacan, J., “De una cuestión preliminar…”, en Escritos 2, Madrid, Siglo XXI, 1985.

[8]     Oé, K., Una cuestión personal (1964), Ed. Anagrama, Barcelona, 1995.

[9]     Hay quien cree que el propio Asperger sufría del síndrome que lleva su nombre: Lyons V, Fitzgerald M (2007), “Did Hans Asperger (1906–1980) have Asperger Syndrome?”, J Autism Dev Disord 37 (10).

 

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