Sobre el film “Miel” (Bal) de Semih Kaplanoğlu. Por Soledad Székely.

MielSemih Kaplanoğlu dirige Bal (Miel), la última película de una trilogía que habla sobre Yusuf, un niño con una relación singular con el silencio y las palabras, que después será poeta. En su conjunto, Bal, Süt y Yumurta narran la relación entre Yusuf y su madre, pero Bal evoca la pérdida de su padre. El padre es apicultor y cosecha miel salvaje de las colmenas que cuelga en las ramas más altas de los árboles. Su casa linda con el bosque, que acompaña la historia con sus ritmos, sus ruidos y su luz. La historia puede reducirse a un relato muy breve: el padre nombra las cosas del mundo para su hijo, se deja guiar por su manera de tratar con el lenguaje, le cuenta cosas fascinantes y baja la voz para hablar con él. También lo previene contra compartir sus sueños en voz alta. El niño dice poco, es curioso, se maravilla con el trabajo y las creaciones del padre. Ante su madre calla, y se impacienta sobre su regazo. Ella le habla, lo reprende, lo mima, pero no sabe bien qué hacer o cómo hacer con él.

 

También está la escuela a la que Yusuf asiste por primera vez. Recita o quizás lee un texto para el padre pero no logra leer otro texto en el salón de clases, invadido por un tartamudeo agónico que le impide ganarse el premio y el aplauso añorados. Durante el recreo, mira a los demás niños jugar por la ventana. Un día, el padre se lleva las colmenas a otra parte del bosque para salvar a las abejas que inexplicablemente han comenzado a morir. La rama que lo sostiene se rompe y no vuelve más a casa. Yusuf y su madre salen en su búsqueda y al cabo de los días, ambos se enfrentan con la certeza de su muerte.

Miel poster

La película es luminosa, pausada; ralentiza nuestro paso para acomodarlo al de Yusuf. No tiene banda sonora, por lo que escuchamos o dejamos de escuchar con él las voces, los ululares, los crujidos, los balidos, las melodías, los rezos, las recitaciones, los silencios y el estruendo del mundo. El bosque, la casa y la escuela son los escenarios cotidianos de su educación. Yusuf aprende del padre, como éste aprende de él sus condiciones para dialogar y qué objetos son de su interés. Se muestra bastante menos dócil a la enseñanza de su madre, quien intenta instaurar las regularidades de la vida doméstica y establecer un intercambio de gestos o palabras compartidos. Sin embargo, tienen acuerdos tácitos según los cuales él le concede momentos de cercanía y un semblante de obediencia, mientras que ella le permite sus ires y venires y se resigna a que el padre medie entre ellos.

 

El maestro preserva para Yusuf el lugar de estudiante, la posibilidad misma del aprendizaje, pero también le ofrece el tiempo necesario para que las palabras que se agolpan en su boca puedan salir algún día. Hay en los diferentes adultos que tratan con Yusuf, incluida la abuela que lo recibe y acoge las preocupaciones de la madre, una cierta parquedad de palabras, una no insistencia y una aceptación de sus particularidades que le permiten incluirse dentro de los márgenes permeables de la vida diaria. Hay distancia, silencio o suavidad que reducen el potencial devastador de las palabras para Yusuf, que será después poeta.

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