Más allá de “El Mundo”, dos párrafos del libro “Alguien en algún lugar” de Donna Williams. Por Marta Gutiérrez.

Alguien en algún lugar, es un testimonio único y de incalculable valor. Donna Williams, es una combatiente. A lo largo de sus 300 páginas, uno no sólo lee, sino que experimenta. Donna habla de “su mundo” y luego habla de “el mundo”.

El mundo, el nuestro, para ella es incomprensible, incomprensibles sus leyes y sus funcionamientos. El autismo desafía la lógica común, pero experimentar Alguien en algún lugar también. Transitar por las palabras de su autora descompleta, obsoletiza la normalidad, sin embargo, a pesar de partir desde el aislamiento, ella con su libro no nos excluye de su mundo, no sin esfuerzo. Cada una de sus palabras construye la lógica singular de alguien llamada Donna. Nos cuenta historias de triunfos pero también de fracasos necesarios para poder finalmente subtitular su libro con contundencia: diario de una victoria contra el autismo.

“Me quedé de pie frente a la papelera de mi clase de tercer grado mientras era bombardeada con tizas y todos reían. Éste era el precio a pagar, por tratar de conservar alguna dignidad. Los castigos no tenían sentido. No estaban lógicamente conectados con las acciones que supuestamente debían tratar. No tenía la menor idea de qué había hecho mal. Lo mejor que podía hacer era intentar entender cómo eran las niñas buenas y tratar de ser una de ellas. Había a mí alrededor los suficientes ejemplos para imitar, ejemplos que siempre se mostraban, pero tenían demasiados bits y se movían demasiado deprisa como para poder entenderlos. El mal comportamiento continuó, aunque yo sonreía cada vez más. Estudiaba series de televisión compulsivamente y miraba aquella gente, como esos niños de la televisión que cocinaban platos y hacían regalos. Pulí la imagen de una Carol adoptable inclinando la cabeza a un lado como los niños que eran considerados adorables. “Te crees tan jodidamente mona”, dijo una sarcástica voz de el mundo. ¡Bofetada! Mi cabeza voló acompañando el gesto de la mano, ya no estaba ladeada para parecer mona. Si al menos viviera con los Brady Bunch, pensé. En la televisión, mona parecía siempre algo deseable. Quizá mi versión parecía inquietante y forzada, una burla perversa de la niña evasiva que era en realidad.” [i]

Cuando uno es insumiso, se niega a someterse a la autoridad de Otro, pero ¿de qué tipo de Otro habla Donna? Ante todo de un Otro, portador de unas normas y unas leyes que a ella le resultan incomprensibles. No obstante, ella traza una primera respuesta, buscar en referencias televisivas el soporte para responder con normalidad, a esa figura la llamará Carol, hay otras. Lo que Donna nos enseña, es que tras un estudio minucioso, es posible aparentar conformidad y normalidad a los ojos de “el mundo” siguiendo una serie de reglas basadas en lo que parece deseable. Hablar como un loro como dice en alguna parte, o  ser como esos niños de la televisión que cocinan platos y hacen regalos, no garantiza que detrás haya un sujeto, en ocasiones puede tratarse de una pantalla de aparente normalidad, una forma de defensa autística ante la angustia. No obstante, podemos leer en estas soluciones una invitación, porque podría haber en ellas un deseo de estar en el mundo, un esfuerzo de vinculación. Debemos dejarnos enseñar por las construcciones singulares del sujeto con autismo, por muy bizarras o antinormativas que parezcan, en ellas está la clave que puede permitirle pasar progresivamente de su encierro, hacia un modo de interacción singular, para ello es imprescindible respetarlas, escucharlas y darles todo el valor de una invención.

Sobre el párrafo anterior, el cual pertenece al pasado de la autora, ésta realiza en su nuevo libro una reflexión acerca del concepto de disciplina tan afín a la educación, es la siguiente:

“El concepto de disciplina comete el crimen de suponer que el que se porta mal se queda ahí preguntándose, ¿por qué? Yo vivía en una realidad al estilo de un lo que ves es lo que obtienes. Tanta gente demostró y volvió a demostrar que no valía la pena tratar de penetrar su incomprensibilidad. Así es como se crean robots de alto rendimiento (aunque sean sonrientes)”.[ii]

La disciplina, bajo el lema de mantener el orden, necesita crear reglas de comportamiento a las que el sujeto debe subordinarse, pero ante estas reglas universales, los sujetos llamados autistas las desafían, por supuesto desintencionadamente o porque no decir defensivamente. El crimen del que habla Donna, ocurre cuando la carga de intención recae sobre el que desobedece y merece una consecuencia por sus actos, que suele venir en forma de castigo. Pero en efecto, hay todo un abanico de matices subjetivos, que nos podrían estar diciendo algo de quien hay detrás de esos actos. La presión ejercida sobre el sujeto llamado autista bajo el estandarte de la disciplina coacciona, y la respuesta de éstos, puede aparecer en formas diversas que van de la agresividad hasta la aparente docilidad. Donna lo dice muy bien, no nos confundamos ni nos conformemos con una sonrisa robótica.

[i] Williams, D. (2012). Alguien en algún lugar. Diario de una victoria contra el autismo. Ned Ediciones. Barcelona. Pág. 39-40.

[ii] IBID. Pág. 40.

1 comentario


  1. Este testimonio, como otros, enseña cuán equivocadas están las terapéuticas cognitivo-comportamentales . Afirma la singularidad, orientación que el psicoanálisis de la orientación lacaniana promueve para un tratamiento posible con los sujetos autistas.
    Muy bueno el artículo.

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